A medida que se fue acercando la fecha del cincuentenario del Genocidio Armenio, las diferentes comunidades de la diáspora armenia esparcidas por el mundo –en buena medida a consecuencia del genocidio- incrementaron su actividad en sus respectivos países de acogida. Su objetivo fue lograr que los estados que habitaban reconocieran el carácter genocida de las masacres masivas de las que fueron el principal objetivo durante el período 1915 -1923. En esa época el panorama internacional en relación al reconocimiento del Genocidio Armenio era muy poco alentador. Ningún país hasta ese momento había accedido a esa petición de los sobrevivientes, sus hijos o sus nietos. La República de Turquía se erguía triunfante, exhibiendo los triunfos de su política negacionista activa ante quienes revindicaban que se conociera la verdad histórica.