Las obras de arte expoliadas por los nazis hace 80 años son los últimos prisioneros de la Segunda Guerra mundial. Y en ellas hay rastros de sangre. Metafórica, pero sangre. Porque todas esas piezas llevan, para siempre, la marca invisible de las manos que las han sostenido, las paredes donde colgaron y los dueños que las poseyeron. Décadas después del horror del Holocausto, miles de objetos robados por la dictadura nazi aún permanecen en infinidad de colecciones de todo el mundo. Algunas estimaciones hablan de unos 25.000. Solo en Francia se calcula que hay 2.000. Una cifra que se suma a las más de 235 obras que, por ejemplo, contabiliza la base de datos de arte perdido de los Pinakothek Museums.
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