Tras el fracaso del ejemplo turco, primero en Egipto e incluso en Turquía, solo en Túnez prospera un partido demócrata musulmán. La auténtica prueba democrática es la alternancia. El talante democrático de un partido solo se comprueba en los hechos, cuando cede el poder a otro partido para que gobierne. El turco AKP todavía no ha conocido esta experiencia, y a juzgar por los propósitos presidencialistas de Erdogan, que quiere perpetuarse hasta 2023, fecha del centenario de la República, su voluntad de conocerla es más bien escasa. Ennahda, en cambio, cedió voluntariamente la jefatura del Gobierno en 2013 y ahora participa en un Gabinete de coalición como socio minoritario a pesar de que es el primer partido de Túnez.
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