Se suele mencionar que en la expresión “Rosh Hashaná” hay un rico juego lingüístico: alude, claro, a lo nuevo –“cabeza de año”, comienzo, inicio- pero a la vez implica lo segundo, lo que se repite, lo que retorna: shinui. Como si lo nuevo solo pudiera advenir si sabe extraer sus frutos de lo anterior. Como si el futuro se constituyera en el rescate y la relectura de la huella de los que han caminado antes por el sendero.