«El reciente descubrimiento de que Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina (AP), fue espía de la KGB en Damasco en 1983 ha sido menospreciado en muchos de los principales medios como mera ‘curiosidad histórica’, pero ocurre que la noticia se conoció en el inoportuno momento en que el presidente Vladímir Putin trataba de organizar una nueva ronda de conversaciones entre Abás y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. (…) El descubrimiento, lejos de ser una ‘curiosidad histórica’, puede ser incluido en el puzle sobre los orígenes del terrorismo islámico de los siglos XX y XXI, que casi siempre quedan eclipsados u ocultados por los intentos, torpemente disimulados, de presentar un relato sobre sus causas que censura cualquier tipo de evidencia en contrario como ‘teoría de la conspiración'»
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