Martes de tarde, Kiryat Ata en el norte de Israel. En un aula en la nueva Autoridad para el Mejoramiento del Servicio Policial a la Población Árabe, varios jóvenes participan en una clase. Son casi todos varones, en su enorme mayoría árabes musulmanes. Hay también beduinos. Y algunos cristianos, entre ellos una chica de Kfar Yasif, cuyo hermano es policía. Cada uno está frente a una computadora. Se abre la puerta y entra Jamal Hakrush, que desde hace varios meses es el ciudadano árabe musulmán de mayor rango en la Policía israelí. Su rango, que en hebreo es «nitsav», equivale al de General en el ejército. Son varios los oficiales con ese grado y por sobre ellos, solamente uno, el «rav nitsav», que es el Inspector General, jefe máximo de la policía.
Ver nota completa