Según el INSS, 5.650 personas murieron y 9.480 resultaron heridas en 469 atentados suicidas cometidos 800 hombres y mujeres en todo el mundo. En 2015 se registró una cifra parecida de este tipo de ataques (452) pero con un número muy inferior de muertos (4.333) y heridos (8.800). La conclusión es evidente: el atentado suicida como método de terror no sólo va en línea creciente sino que consigue un efecto más demoledor. Más cantidad y mejor calidad, según se desprende del informe del ‘think tank’ israelí.