En octubre, el Consejo de la Unesco dictó una resolución que desconocía el derecho de Israel sobre una zona de Jerusalén que incluye nada menos que el legendario Muro de los Lamentos, último resto del templo del rey Salomón. A fines de diciembre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ordenó a Israel retirarse a los territorios anteriores a la guerra de 1967 (en la que fue agredido y no agresor). Ello supondría devolver el este de Jerusalén y las alturas del Golán, decisivas para el mantenimiento de sus fronteras. La novedad de esta resolución es que Estados Unidos se abstuvo y al no ejercer el veto, por vez primera, habilitó la adopción de esta resolución. Por supuesto no tendrá efecto práctico cuando un nuevo presidente norteamericano se ha manifestado en contra de ella.