«M. Najdorf inicia hoy la exhibición de ajedrez a ciegas, con la que intenta superar el récord mundial. Dirimirá supremacías contra cuarenta jugadores simultáneamente». Con ese título, larguísimo, La Capital del 9 de octubre de 1943 anticipó la visita a Rosario de Najdorf, gran maestro del ajedrez mundial, una de las figuras más importantes del siglo XX en la materia, nacido en Polonia y nacionalizado argentino. El ajedrecista ese día superó un récord mundial en la sede del Círculo de Obreros: jugó sin ver el tablero, reteniendo posiciones en su mente contra 40 tableros y venció tras 17 horas de juego. Pero la falta de un veedor oficial le quitó la posibilidad de que se le reconociera oficialmente semejante hazaña. De todos modos esa no sería la única ni última desilusión que viviría el jugador de por entonces 33 años. Ese día, en esta ciudad, se le escapaba a Najdorf la posibilidad de saber si su familia, bajo el poder nazi, estaba viva o no. No pudo.
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