Hay pocas cosas (al menos, que haya experimentado) tan aterradoras como ser un israelí en medio de un bar lleno de gente en el Reino de Bahrein mientras un chico saudita bromea – en voz alta – que eres del Mossad. Quiero decir, las bromas del Mossad pueden ser bastante divertidas, pero no tanto cuando estás en un país que se considera públicamente como enemigo de Israel, en una región del mundo donde ser acusado de ser un agente israelí equivales a menudo a ser condenado a muerte, y no tienes ni idea de quién puede estar escuchando. Pero acabó bien.