Los judíos nos cuidamos mucho de no usar con ligereza la palabra «holocausto». No en vano hasta recurrimos a la palabra «Shoá» para referirnos sólo a ese genocidio, al perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. No fue nunca un intento de minimizar el sufrimiento de otros, sino un consciente esfuerzo por dejar en claro la singularidad de aquello, de aquella hecatombe impuesta por los nazis al pueblo judío. Y esta semana, sin olvidar los números ni tampoco las características singulares de la Shoá, sin olvidar que una tercera parte del pueblo judío fue aniquilado en una industria de la muerte simplemente por pertenecer justamente a ese pueblo, asesinado en medio de la normalidad de su vida diaria, esta semana sentimos que estábamos viendo las pruebas de la crueldad que son para nosotros sinónimo de la Shoá. Pero no nos referimos siquiera a las imágenes del ataque químico del martes en Idlib. Aún antes de ese nuevo crimen de guerra perpetrado por el régimen de Bashar el-Assad, lo que vimos nos hizo pensar directamente en el Holocausto.