Los archivos de la Sociedad Max Planck en Munich guardan un macabro secreto: cerebros cortados milimétricamente y perfectamente etiquetados; algunas pruebas en plaquetas de vidrio otras en formol. Estos son cerebros, o partes de ellos, de víctimas de los nazis. Humanos asesinados porque padecían alguna enfermedad mental o discapacitados que fueron declarados por la política de Adolfo Hitler como «no dignos de la vida».