Casi todo lo que hoy tiene Tel Aviv lo ha conseguido durante las dos décadas de gobierno del laborista Ron Huldai, alguien que más que un político es un intelectual y un gestor sin competencia en Israel. Hay algo de provocador en este alcalde nacido hace 72 años en un kibutz socialista y curtido en las filas del ejército. Si no lo fuera no se hubiera atrevido a nadar a contracorriente en una zona cada vez más castigada por fundamentalismos religiosos de todo tipo. En 1998 recibió las llaves de una ciudad al borde de la quiebra y saneó sus cuentas, adecentó sus calles y atrajo a empresas tecnológicas. Hoy, Tel Aviv, de 450.000 habitantes, representa para el mundo la cara moderna y europea de Israel. Es, sin embargo, una ciudad que lleva décadas sufriendo los métodos de terrorismo que solo recientemente han comenzado a amenazar a grandes urbes como París o Berlín.