Los 12 muertos y casi 50 heridos de este miércoles en Teherán, en el primer atentado en territorio de Irán reivindicado por el Estado Islámico, dejan en claro que se avecina una nueva etapa en la cruenta dinámica terrorista. Irán promete venganza, sostiene que Arabia Saudita organizó el atentado, y las mutuas advertencias sobre los «infieles» que no se salvarán, vaticinan sangre tanto de musulmanes sunitas como de musulmanes chiitas. Y en el medio, nosotros, el resto del mundo, víctimas de unos y otros.