«No podemos admitir el uso del concepto de Holocausto como un criterio cuantitativo o valorativo. El malentendido es ése, y el riesgo es su uso indiscriminado o acrítico para todo aquello que nos repugne o indigne. El drama de una muerte individual no es mayor porque la incluyamos en la categoría del Holocausto. Cuanto menos cuidadosos seamos con el uso del concepto más cerca estaremos de convertirlo en trivial y, en el límite, de no decir nada. Si todo es Holocausto nada lo es».