Las sociedades suelen elegir espejos y narrativas que les ofrezcan una imagen edulcorada y embellecida. Un extendido relato sostiene que los uruguayos somos un país con una larga tradición de puertas abiertas a la inmigración y conformado por familias procedentes de muy diversas culturas y nacionalidades. Esta narrativa sufre de serios problemas al ser contrastada con la evidencia histórica. Oculta que nuestros antepasados prefirieron, una y otra vez, la inmigración blanca, cristiana y europea y, en lo posible, calificada y próspera.