Varios elementos en el mundo árabe e islámico se hacen los ofendidos. Advierten contra la violencia que estallará por «la humillación al Islam» y acusan a Israel de antemano por la responsabilidad «si hay víctimas» y el control de la situación «se va de las manos». También lanzan un ultimátum de 24 horas a Israel para que retire los detectores de metales colocados el domingo último en tres de los accesos a las mezquitas, advirtiendo respecto a las «terribles consecuencias» si ello no sucede, aunque esas consecuencias las estaría determinando la violencia que ellos mismos inciten. De lo que no dicen ni una palabra, es de la razón por la que Israel, por primera vez en la historia, colocó esos detectores de metales: porque en el propio monte sagrado, tres terroristas usaron armas de fuego el viernes pasado 14 de julio, para asesinar a dos policías israelíes. De esa flagrante violación de la santidad de un sitio de oración, no los oímos hablar.
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