Juego de tronos, la popular serie de fantasía medieval, está llena de intriga y drama, así como de sexo y violencia. Se podría decir que es casi bíblico en sus proporciones.
Juego de tronos, la popular serie de fantasía medieval, está llena de intriga y drama, así como de sexo y violencia. Se podría decir que es casi bíblico en sus proporciones.
Marianne Rubin era una niña judía de seis años al abandonar Alemania junto a su familia. Cuando los nazis llegaron a su casa «empujaron a mi padre, le tiraron al suelo y yo le ayudé a levantarse. Fuimos a Italia, a Francia y, después, a Estados Unidos», relata a un reportero de la CBS, mientras sostiene un cartel con el siguiente mensaje: «Ya escapé de los nazis. No me vais a derrotar ahora». Se refiere a los racistas de Virginia, que se manifestaron el 12 de agosto en Charlottesville. La jornada de violencia de los supremacistas blancos terminó con tres muertos. La indignación en Estados Unidos por lo ocurrido ha convertido a Rubin en un símbolo en Twitter. Una foto de esta mujer de 90 años lleva más de 100.000 retuits.
La comunidad judía en Polonia teme por su seguridad a causa del aumento del antisemitismo en este país centroeuropeo, donde antes de la II Guerra Mundial vivían cerca de 3,3 millones de judíos, el 10 % de la población total polaca, cifra que actualmente ha quedado reducida a sólo 10.000 personas. Ante ese temor, los representantes de la comunidad judía polaca han decidido escribir al político más influyente en Polonia, Jaroslaw Kaczynski, el líder del partido gobernante Ley y Justicia, para pedirle que condene el antisemitismo galopante que hace peligrar su futuro en este país.
“Oriente Medio es la tumba de los vaticinios”, dice el editor y escritor izquierdista Adam Shatz. Y lo es por su volatilidad (en 2014 nadie imaginaba que, once siglos después, iba a emerger un nuevo califato) y depravación (el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, desató una cuasi guerra civil contra los kurdos para conseguir unos cambios constitucionales que no necesitaba). En parte, también, las predicciones fallan por la general incompetencia de los expertos. A menudo carecen del mero sentido común que les permitiría ver lo evidente. Sirva como ejemplo el embeleso colectivo ante el ascenso de Bashar al Asad a la Presidencia de Siria en el año 2000.