Tres grandes piedras blancas y planas se alzan en el bosque conocido como Ben Shemen, en el centro de Israel, a unos 25 kilómetros de Tel Aviv y 40 de Jerusalén. Uno de ellas lleva escrito los nombres de las víctimas del atentado contra la embajada israelí en Argentina, de 1992, y el otro recuerda a los muertos por la explosión de la AMIA, también en Buenos Aires, dos años después. En el tercero, todavía vacío, a partir de mañana se recordará con otra placa la memoria del fiscal argentino Alberto Nisman, muerto el 18 de enero del 2015, mientras investigaba la pista iraní detrás del ataque a la mutual judía. Mañana, cuando se cumplan cuatro años de la muerte, junto a la placa se inaugurará el resto del homenaje al fiscal, que consta también de una pared que en su punto más alto llega a los dos metros y medio y luego baja hasta el suelo, un arco y un espacio para poder sentarse a contemplar y reflexionar.
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