Tras dos días y más de 500 misiles disparados desde Gaza hacia Israel, nos encontramos en un alto de fugo, que alivia y preocupa. Hace demasiado tiempo que la rutina es el péndulo entre períodos de calma -cada vez más cortos- y escaladas de violencia, siempre lanzadas cuando los terroristas deciden y terminadas, diga lo que diga Israel, cuando ellos deciden que les viene bien.