Las 27 cartas estuvieron escondidas durante décadas. Escondidas en muebles en la casa de Krystyna Czyz, las encontró su hija solo en 2010. Todas fueron escritas por Czyz y enviadas a sus padres desde el campo de concentración de Ravensbrück en Alemania. Todos contenían mensajes secretos codificados que se agregaron al texto mediante un simple pero inteligente método: escribir con orina. Con coraje y audacia, un pequeño grupo de internos logró enviar informes sobre los delitos cometidos en el campamento, en particular los experimentos médicos realizados con ellos.