Al llegar al Cementerio Monumental de Turín pregunto a una empleada por la tumba de Primo Levi. De la localización de las tumbas de familiares se ocupan en la oficina de información, responde. La segunda empleada a la que consulto sí sabe a quién busco y me da instrucciones detalladas. La lápida es muy sencilla, dice, no le será fácil encontrarla… La lápida no informa de que allí yace un partisano antifascista, ni un químico, ni un inmenso escritor, aunque fue todas esas cosas. Y sólo el número 174.517 recuerda su paso por Auschwitz.