A 1165 metros de altura en estas montañas áridas y legendarias, todo es silencio. Cae la tarde en este caluroso día de septiembre y a lo lejos, unos kilómetros abajo, se ve unos camiones que deambulan por una ruta que va para Damasco. Más allá, en una zona escarpada caminan unos soldados del ejército israelí y los Cascos Blancos de la ONU. Todo es parsimonia y nada aparenta lo que realmente es: una verdadera guerra silenciosa que Israel libra aquí contra Irán para frenar al grupo terrorista Hezbollah, que se sustenta del lado de Siria y Líbano con el aporte constante del régimen de Teherán.