Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial unos 2.000 sobrevivientes judíos llegaron a Uruguay. Solo el 1% sigue con vida y Valeria Wollstein es de las que pasó por el infierno de Auschwitz. La muerte se huele. Para Valeria Wollstein tiene el hedor a los trenes de ganado, de esos que la llevaron desde Hungría hasta el campo de concentración y exterminio. Tiene el olor de la bosta de caballo.