Oriente Medio: más y más víctimas de la misoginia

19/May/2015

Enlace Judío, Por Esther Shabot

Oriente Medio: más y más víctimas de la misoginia

Tres situaciones de violación a los derechos
humanos de las mujeres revelan cómo los modestos avances que se registran en
ocasiones en cuanto a este tema son neutralizados por la persistencia.
Tres situaciones relacionadas con graves
violaciones a los derechos humanos de las mujeres en distintas partes de
Oriente Medio fueron reportadas esta semana por la prensa. Las tres revelan
cómo los modestos avances que se registran, en ocasiones, en cuanto a este tema
son neutralizados por la persistencia y aun el aumento de la estremecedora
violencia que, por distintos medios, se inflige al sector femenino de sus
poblaciones. A continuación, una breve descripción de los tres casos.
1.- Hace unos días se publicó en este diario
una nota proveniente de la Agencia EFE, que informaba que en Egipto, a pesar de
que desde 2008 se prohibió por ley la mutilación genital femenina, la Encuesta
Demográfica y de Salud de ese país reportó que 92% de las mujeres casadas de
entre 15 y 49 años fue víctima de ese procedimiento. Igualmente, se dio a
conocer que más de la mitad de ellas fueron mutiladas cuando tenían entre siete
y diez años, y que 60% de las propias mujeres cree que la práctica debe
continuar. No originaria del Islam, sino adoptada de culturas paganas oriundas
de África, la ablación del clítoris se agregó funcionalmente a estructuras
patriarcales autoritarias y misóginas en algunas regiones de Oriente Medio,
donde se incorporó como un elemento adicional para el control absoluto de sus
mujeres y de su sexualidad, para conseguir, a través de ello, la preservación
del “honor” familiar. El que parte de las propias mujeres apoyen esa mutilación
es elocuente de cómo ellas han internalizado, bajo la presión de la cultura
dominante, que tal práctica es benéfica y conveniente para evitar males
mayores.
2.- Reportes de organizaciones defensoras de
derechos humanos en Turquía señalaron que crecen las cifras de mujeres
asesinadas y maltratadas en ese país. La violencia física, sexual y emocional
contra ellas se produce sobre todo en el entorno familiar, dando como resultado
que el servicio telefónico de S.O.S, establecido para apoyar a mujeres
atacadas, ha visto elevado el número de llamadas de auxilio a 100 mil en el
último año. Se considera probable que sea hasta cinco veces mayor la cifra de
casos graves y que éstos no son reportados por temor u otras causas. La
creciente islamización de la vida pública y privada, promovida por el régimen
que Erdogan, encabeza desde hace más de una década, ha reforzado las conductas
machistas en la población. El propio Erdogan se escandalizó cuando, en un
reciente discurso público, expresó con vehemencia que el lugar de las mujeres
dignas no es otro más que el del hogar, para así atender, como se debe, las
necesidades del marido y los hijos, reprobando con severidad a quienes no se
ajustan a tal papel. De ahí que no sea casual el aumento de la violencia contra
el sector femenino: el aval que le otorga legitimidad puede localizarse en los
postulados del propio Presidente.
3.- La semana pasada, una mujer kurda, de 17
años víctima de un intento de violación por parte de un oficial militar iraní,
se suicidó lanzándose desde un cuarto piso. El hecho no sorprende si se
considera que en el mundo de la República Islámica de Irán el sistema castiga a
las mujeres que se atreven a atacar físicamente a quien intenta violarlas, con
penas de prisión o muerte. Ello sin contar que mujeres que son violadas
impunemente pasan a ser objeto de repudio y violencia familiar al ser
culpabilizadas del hecho y, por tanto, de haber mancillado el honor grupal. En
este caso particular de suicidio, la única buena noticia fue que la comunidad
kurda a la que pertenecía la joven organizó una protesta pública contra la
inmunidad que el Estado otorga al responsable del intento de la violación. Y es
que más allá de lo que al respecto puedan hacer las organizaciones defensoras
de derechos humanos, las cosas no mejorarán si no se multiplican las protestas
de la propia población consciente ya de la aberración inherente al brutal abuso
sufrido por el género femenino en esas partes del mundo.