15-9-2011 Medio oriente. El reconocimiento de un Estado palestino enfrenta a la ANP e Israel a viejos fantasmas
Es tiempo de conjeturas en el conflicto árabe-israelí. Según se acerca la fecha en la que Mahmoud Abbas, el presidente palestino, piensa presentar su petición para obtener el reconocimiento internacional como Estado independiente al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, los ánimos se encrespan.
En Israel el ministro de Relaciones Exteriores Avigdor Lieberman advirtió ayer que el hecho acarrearía «graves implicaciones». Y la diplomacia israelí lanzó un nuevo video, a través de las redes sociales y en YouTube, para tratar de contrarrestar las campañas que los palestinos han divulgado por todo el mundo a favor del reconocimiento de la ONU. El video asegura que el objetivo final de las autoridades palestinas es la «destrucción del Estado judío».
Del otro lado del Atlántico, EEUU prometió vetar la petición, cuya aprobación en necesaria para obtener la membresía de pleno derecho. Tanto Israel como la primera potencia sostienen que las negociaciones son la única forma de producir un Estado palestino.
Pero los palestinos no han anunciado qué harán en las Naciones Unidas. Entre las posibilidades, podrían evitar el Consejo de Seguridad y acudir directamente a la Asamblea General para que les conceda el estatuto de observador no miembro, una alternativa que no podría ser vetada por Washington y que sería aprobada con toda seguridad.
Hasta el 20 de setiembre, día en que se prevé que se presente Abbas en la sede de la ONU de Nueva York, todo puede pasar.
Lecturas diversas
Entre tanto, periodistas y expertos han derrochado ríos de tinta buscando darle una solución a un conflicto tan complejo como antiguo. O, por lo menos, explicar por qué el dilema no está ni cerca de resolverse.
Aaron David Millar, asesor de varios secretarios de Estado de Estados Unidos en el conflicto árabe-israelí y miembro del Woodrow Wilson Center for Scholars, se explaya en un artículo de Foreign Policy en lo que es, en su opinión, el quid de la cuestión: la propia división interna palestina.
«Con los años, las fuerzas centrífugas y la historia han separado a los palestinos en cinco muy incómodas partes. La actual táctica de unidad entre Al Fatah y Hamas solo pone de manifiesto las divisiones, que no son meros escaños en una legislatura, sino visiones fundamentalmente diferentes sobre qué es y dónde queda Palestina. No hay resolución de la ONU que pueda superar la realidad y será difícil unir los pedazos palestinos de nuevo», asevera el especialista.
El reporte del think tank británico Crisis Group asemeja, sin vueltas, la resolución del Consejo de Seguridad, cualquiera sea su resultado, con «un choque de trenes».
«Hay temores legítimos por las consecuencias, pero la obsesión con lo que pasará en la ONU y la energía desproporcionada invertida en anular la petición no permiten pensar con claridad. Y esto podría producir una cura más letal que la enfermedad», de acuerdo a la entidad. Desde este punto de vista ya no hay marcha atrás. Abbas no puede arrepentirse, perdería toda credibilidad y desencadenaría quién sabe qué reacción entre su gente.
Hoy solo queda minimizar riesgos: «La atención debe centrarse en dar forma a un resultado de ONU que produzca una ganancia tangible para los palestinos -en su búsqueda de la condición de Estado- mientras que proporciona cierta seguridad a los israelíes, que reduzca los riesgos de la violencia y el colapso de la Autoridad Palestina y que consagre los principios fundamentales para una solución de dos Estados», remató el Crisis Group.
ONU ante un pedido incómodo
15/Sep/2011
El Observador