4-7-2012
Este viernes se estrena Cuando los chanchos vuelen. Su director, Sylvain Estibal, habló con El Observador
VALENTÍN TRUJILLO P DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
El origen de una película puede ser bastante misterioroso, sobre todo en la forma en que se conjugan las ideas que la crean. Miren sino el caso de Cuando los chanchos vuelen, del director francés Sylvain Estibal, que hasta el día de hoy residía en Montevideo y partió hacia Francia.
Antes de llegar al país, Estibal había realizado una experiencia fotográfica en Hebrón, Palestina, dándole una cámara de fotos a una familia judía y a una familia palestina, vivían a cinco metros de distancia pero no se comunicaban. Les dijo que le sacaran fotos a sus vecinos durante un año. Al final del año se las mostró y organizó una exposición en Tel Aviv y en Francia. «A los vecinos se les cayó una pared mental cuando vieron cómo vivía el supuesto enemigo. Fue muy emocionante, aunque poco tiempo después, volvieron al aislamiento «, explicó Estibal a El Observador.
En 2008, luego de un año de vivir en Uruguay, la idea de las familias vecinas y enemigas seguía rondando su cabeza. Trabajando en la agencia AFP en Ciudad Vieja, Estibal entró en contacto con el puerto y la exportación de ganado en pie a Medio Oriente. «Ya tenía la idea y sentir el olor a ganado del puerto la reafirmó», confesó el director.
Esta imagen con aquella idea cuajaron un día en un hotel de Brasil, cuando Estibal comenzó a cranear la idea del guión de Cuando los chanchos vuelen.
Casado con la actriz tunecina Myriam Tekaïa, Estibal filmó durante 2010 en la isla de Malta la historia de un pescador palestino llamado Jaafar que vive en Gaza y que encuentra un cerdo en medio del mar. La cultura islámica no permite criar ni comer cerdo, pero a Jaafar se le ocurre sacarle una tajada económica al extraño encuentro y venderle semen de cerdo a una productora judía. A partir de entonces, la trama se vuelve una comedia de enredos con un cerdo disfrazado de cordero. Puede sonar humorístico y hasta desopilante, pero el tema de fondo es muy serio.
«La película es un intento de mostrar de manera positiva una paz graciosa, los vínculos que hay entre los dos comunidades rivales», dice Estibal.
Para que los cruces sean más genuinos Tekaïa hace de la granjera israelí y el judío Sasson Gabai intepreta al pescador palestino. El resultado se podrá en salas uruguayas a partir del próximo viernes.
«Un buen lugar»
En 2009 el director también tunecino Karim Dridi había adaptado al cine la novela de Estibal El último vuelo de Lancaster, protagonizada por Marion Cotilliard. «Esa versión fue para mí un poco decepcionante y me dije que para la próxima vez yo filmaría mi propia historia. Ya había filmado dos cortos y tenía experiencia como fotógrafo», dijo Estibal.
Cuando los chanchos… tuvo un costo de € 3,5 millones, en una coproducción Francia, Alemania y Bélgica.
El director se vuelve a Francia porque su contrato culminó. Pretende seguir filmando aunque sin desvincularse del periodismo gráfico.
Se lleva buenos recuerdos de su paso por Uruguay. «Fue el lugar donde nació esta histioria y donde cambió mi vida Uruguay es un buen lugar para despertar la imaginación, fueron años muy felices. Está un poco lejos de todo, pero para la creatividad, es bueno estar aislado», dijo Estibal.
Un creador
Sylvain Estibal llegó a Montevideo en 2007 como periodista gráfico de France Press, encargado de editar fotografías para América Latina. Su estadía en Uruguay culmina exactamente hoy. Antes había sido fotógrafo en diferentes destinos, entre ellos Medio Oriente y los países del Sahara. También posee una carrera como novelista. Una de sus obras, El último vuelo de Lancaster, se llevó al cine, con la actuación de Marion Cotilliard. Cuando los chanchos vuelen es la primera película que dirige.
Oink, oink en Gaza
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