Odios sectarios pueden extender el conflicto en Cercano Oriente

04/Jun/2013

El País, Uruguay

Odios sectarios pueden extender el conflicto en Cercano Oriente

La violencia sectaria entre los musulmanes, cuyas raíces datan del siglo VII y se potencian en el siglo XXI, amenaza con elevar más la inflamable situación del Cercano Oriente, donde el conflicto de Siria podría extenderse a las naciones vecinas.La reanudación de los asesinatos sectarios ha provocado la mayor cantidad de muertos en Irak en cinco años. Jóvenes becados en un seminario musulmán chiita se ofrecen como voluntarios a combatir a los sunitas en Siria. Más al oeste, en Líbano, han empeorado los enfrentamientos entre sectas opositoras en la ciudad norteña de Trípoli.En la propia Siria, «los chiitas se han convertido en un blanco principal», señaló Malek, un activista de la oposición quien no quiso que se publicara su apellido por cuestiones de seguridad. Se encontraba de visita en Líbano, procedente de Qusair, una ciudad siria controlada por rebeldes, donde murió su hermano el martes combatiendo a guerrilleros chiitas de la milicia libanesa Hezbolá.»La gente perdió herma- nos, hijos, y está enojada», se lamentó.ContagioLa guerra civil siria está desatando un conflicto sectario contagioso más allá de las fronteras del país, volviendo a encender tensiones que se han acumulado de muchísimo tiempo atrás entre sunitas y chiitas, y, temen expertos, podrían sacudir los cimientos de países unidos apresuradamente tras el colapso del Imperio Otomano.Durante meses, los combates en Siria se han propagado al otro lado de sus fronteras, porque sus cohetes han caído en países vecinos o las escaramuzas cruzaron a sus territorios. Sin embargo, ahora, la guerra siria, con más de 80.000 muertos, incita a sunitas y chiitas de otros países a atacarse unos a otros.»Nada ha ayudado a que persista el discurso sunita-chiita a un nivel popular más que las imágenes de Asad masacrando, con ayuda iraní, a sunitas en Siria», dijo Trita Parsi, un analista regional y presidente del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense, refiriéndose al presidente Bashar Asad de Siria. «Irán y Asad pueden ganar la batalla militar, pero solo a expensas de cimentar décadas de discordia étnica».El levantamiento sirio empezó como una protesta pacífica contra Asad y en dos años se transformó en una batalla sangrienta de desgaste, cuyo final es difícil de avizorar pese a los esfuerzos internacionales.Sin embargo, los asesinatos ya no solo se tratan de oponerse o apoyar al gobierno, ni siquiera sobre Siria. Están llegando algunos chiitas a Siria por un sentido de deber religioso. En Irak, se han reanudado los ataques al azar contra mezquitas y barrios sunitas que ya habían disminuido (hace poco atacaron una boda), mientras las milicias sunitas combaten al Ejército.Con Arabia Saudita, Qatar y Turquía, liderados por sunitas, respaldando el levantamiento contra Asad, a quien apoyan los chiitas iraníes y Hezbolá, las divisiones sectarias en efervescencia desde la invasión estadounidense de Irak se están propagando por toda una región ya cambiada totalmente con los levantamientos árabes.Este antagonismo más general que se alimenta de la guerra en Siria y a la que también alimenta, está enraizado principalmente en intereses geopolíticos y estratégicos en conflicto: la lucha por el poder regional entre Arabia Saudita e Irán; la confrontación de Irán con Occidente por su programa nuclear, y la alianza entre Hezbolá y el gobierno laico de Asad en Siria contra Israel, al que apoya Estados Unidos.Sin embargo, ha penetrado el sentimiento sectario. Irak ha sido especialmente vulnerable. Dado que la mayoría sunita en Siria pelea para derrocar a un gobierno dominado por la secta alauita, una rama del chiismo, a la que pertenece Asad, algunos de la minoría sunita en Irak se envalentonaron con la posibilidad de derrocar a su propio gobierno chiita.Siglo VIIEn Beirut, Kamel Wazne, el fundador del Centro para Estudios Estratégicos Estadounidenses, dijo que los combatientes se inspiran en pasiones religiosas enraizadas en la batalla del siglo VII por quién sucedería al profeta Mahoma, en lo que hoy es Irak.Después de la amarga derrota de la facción que dio origen a los chiitas, los triunfadores capturaron a la nieta del profeta, a Zeinab, y la llevaron a Damasco, donde los chiitas creen que está enterrada bajo el templo del domo dorado de Sayida Zeinab.Muchos chiitas devotos también han llegado a ver a la guerra civil siria como el cumplimiento de una profecía chiita que presagia el fin del tiempo: una figura parecida al diablo, Sufyani, organiza un ejército en Siria y marcha sobre Irak para matar chiitas.