Ochenta años después de una de las gestas más conmovedoras de la posguerra, la historia vuelve a iluminar el valor de la memoria. En 1946, el rabino Itzjak Halevi Herzog recorrió Europa en busca de cientos de niños judíos que habían sobrevivido a la Shoá ocultos en familias e instituciones cristianas. Más de 500 de ellos emprendieron finalmente el camino hacia la Tierra de Israel.
Durante el Holocausto, numerosos padres judíos adoptaron una angustiosa decisión: salvar la vida de sus hijos pequeños confiándolos a espacios protegidos, generalmente cristianos, tanto individuales como colectivos. Hubo casos en los que los padres conocían el marco al que habían entregado a sus hijos; pero en numerosas oportunidades lo desconocían totalmente, habida cuenta de que los habían puesto en manos de organizaciones clandestinas judías o judeocristianas, tal como acaeció en Italia. El cuadro se agravó cuando muchos de los integrantes de dichas organizaciones fueron apresados y asesinados por los nazis.
En este contexto histórico es que aflora la descollante figura del rabino Itzjak Halevi Herzog. Nació en 1888 en la ciudad polaca de Łomża; siendo muy joven se afincó en Londres y posteriormente en París, estudiando en la Sorbona. Retornó a Londres, en donde obtuvo el doctorado. En su tesis doctoral abordó un tópico por demás interesante: la naturaleza del color azul antiguo en el Segundo Templo.
En 1915 fue designado rabino principal de Irlanda, cargo que detentó durante 14 años. En ese contexto, apoyó decididamente las aspiraciones del ejército y de las organizaciones clandestinas locales que apuntaban hacia la independencia de Irlanda. En 1936 se asentó en la Tierra de Israel y fue designado gran rabino askenazí durante la época del Mandato Británico.
Luego del triunfo aliado en mayo de 1945, el rabino Herzog centró todos sus esfuerzos en brindar ayuda a los judíos sobrevivientes del Holocausto y, en especial, en ubicar a cientos de niños que habían encontrado refugio en el seno de familias y espacios cristianos.
Memorable despliegue
Llegó la hora de actuar. En 1946, el rabino Herzog comenzó un despliegue por toda Europa que se extendió durante medio año y que apuntó a reintegrar a los niños judíos a sus respectivas familias o a marcos judíos. Previo al inicio de su periplo, se hizo presente en el Vaticano a los efectos de lograr el respaldo del papa Pío XII y, al mismo tiempo, agradecer a los distintos espacios católicos por el rol determinante que habían desempeñado en la salvación de cientos de niños. Su mensaje al papa fue claro y categórico: después del exterminio de los seis millones de judíos, cada niño reincorporado al pueblo judío equivalía a mil niños.
El papa Pío XII no se pronunció de la forma clara y categórica que esperaba el rabino Herzog, pero aun así el Vaticano colaboró con su trascendente despliegue. En este contexto, el rabino visitó Francia, Suiza, Bélgica, Holanda, la entonces Checoslovaquia e Irlanda. Con la colaboración de los gobiernos de los países en los que operó, se elaboraron nóminas actualizadas de estos niños. Herramientasy recursos de traducción
Fue una tarea ardua: golpear puerta por puerta contando con la invalorable colaboración de organizaciones judías y no judías. En más de un caso, las familias cristianas que habían acogido a un niño judío se habían encariñado con él y, por ende, se mostraron muy reacias a devolverlo.
A su vez, ante la pregunta del anfitrión católico de cómo identificar a los niños judíos en su espacio —dado que había transcurrido mucho tiempo desde que fueron entregados y en numerosos casos eran muy pequeños—, el rabino Herzog echó mano a su imaginación y comenzó a recitar en voz alta una oración cardinal y central en la liturgia judía: Shemá Israel («Escucha, Israel»). Inmediatamente, decenas de niños comenzaron a proferir gritos de «¡Papá!», «¡Mamá!» e incluso irrumpieron en llanto; había aflorado su identidad judía.
Junto al rabino Herzog, entre las organizaciones que colaboraron con este emprendimiento, cabe señalar al Comité de Salvación, compuesto por rabinos ortodoxos americanos. A título individual, uno de los militantes más destacados fue el activista judeoholandés Yeshayahu Druker, quien actuó en nombre y representación de David Kahane, rabino del Ejército Polaco. Los esfuerzos desplegados por el rabino Herzog no se redujeron únicamente a este conglomerado: obtuvo una visa francesa de tal suerte que logró rescatar y salvar la vida de Sonia Friedberg.
44 vagones, más de 500 niños, un único destino
Finalmente, en agosto de 1946, más de 500 niños judíos rescatados por el rabino Herzog abordaron cuarenta y cuatro vagones de un tren que partió de la ciudad de Łódź, en Polonia, y, luego de un largo y complejo trayecto, arribaron a la Tierra de Israel. Diecinueve meses después del arribo de este grupo, nació el Estado de Israel. Horarioy calendarios
Con el surgimiento del Estado judío, el rabino Itzjak Aizik Halevi Herzog fue designado como el primer gran rabino askenazí del Estado de Israel. Su hijo Haim Herzog fue un destacado militar y sexto presidente de Israel, en tanto que su nieto Itzjak Herzog es el actual presidente del país.
Parte trascendente de la valiosa correspondencia del rabino Herzog de aquella época se conserva como un testimonio de gran valor en los archivos de la Biblioteca Nacional de Israel.
Al cumplirse 80 años de esta memorable gesta, recientemente uno de aquellos niños —David Danieli, un «joven» de 94 años de edad— fue recibido junto con su familia por el presidente Itzjak Herzog, dando lugar a un encuentro de ribetes muy emotivos.