EL ANÁLISIS POR EDWARD PIÑÓN
11-4-2012
El papel picado, las banderas, los gritos ensordecedores, las palmas acompañando un cántico. La gente en la tribuna le da un marco especial al espectáculo deportivo.
De verdad, no hay fiesta total en un encuentro deportivo sin esa adrenalina que vuelcan los que saltan y cantan unidos por un mismo sentimiento. Eso sí, la cosa cambia cuando a los autores de las letras ingeniosas se les va la mano con la cargada o cuando se pasa a la grosería. Es peor, incluso, cuando se recuerdan muertes o se avisa que otros más van a caer. O se ataca sus orígenes o credos.
Lo que empeora la imagen de lo que se ve y escucha es cuando los hirientes cánticos parten de todo tipo de voces, no solo de los que supuestamente están pasados de rosca por los efectos del alcohol o la droga.
Pensar que en un tiempo lejano nadie dejaba que las ofensas se emitieran en las tribunas porque había damas presentes, y hoy hasta muchas de ellas se suman a la turba vocal.
También choca que todos asuman que en el mundo del deporte puede decirse o hacerse lo que se quiera. Algún día se animarán a ponerle el límite.
¿Y vos qué decís?
No pueden cantar lo que quieran
11/Abr/2012
El País, Ovación, Edward Piñón