Mosul, una cárcel de terror y pobreza tras un año de control del ISIS

10/Jun/2015

Clarín

Mosul, una cárcel de terror y pobreza tras un año de control del ISIS

Los extremistas del Estado Islámico (ISIS)
andan a sus anchas por el territorio iraquí un año después de ocupar la segunda
ciudad del país, Mosul, donde han impuesto la opresión, la pobreza y el terror
entre los civiles.
Como una gran cárcel de la que no pueden salir
y en la que rige una estricta interpretación de la ley islámica, la ciudad
languidece asfixiada bajo el yugo del ISIS desde el 10 de junio de 2014. El
teniente coronel Riyan al Hayali, testigo de aquellos días previos a la toma de
la ciudad, de la que mañana se cumple un año, defiende que las fuerzas
especiales que comandaba y la policía local libraron duros combates durante
cinco días contra los yihadistas sin recibir refuerzos y tras la retirada de
unidades del Ejército. Ante las pérdidas sufridas, huyeron de la urbe cruzando
en lanchas el río Tigris, pero antes trasladaron a decenas presos acusados de
terrorismo a otras cárceles, explicó el alto cargo militar, que resultó herido
en el campo de batalla.
Desde entonces, la ciudad, capital de la
provincia septentrional de Nínive y con unos cuatro millones de habitantes, ha
vivido un año repleto de atrocidades, crímenes contra la humanidad, ejecuciones
masivas, desplazamientos de civiles y hambre.
A estas penurias se suman los continuos
combates en los alrededores entre los extremistas y las tropas iraquíes,
ayudadas por la aviación de la coalición internacional, liderada por EEUU, en
sus múltiples intentos de expulsar al ISIS de Irak.
El jeque MahumShahwani, de 56 años y nacido en
Mosul, asegura que en toda su historia la ciudad «jamás había vivido una
crisis similar y con un asedio tan asfixiante», impuesto a todo el mundo y
por la fuerza por «los autoproclamados gobernadores de la ciudad».
Shahwani denuncia que Mosul es ahora
«caos, tortura y asesinatos indescriptibles», todo ello aplicado a
sus habitantes, que sufren asimismo un desempleo generalizado y las altas tasas
impuestas por el grupo terrorista. El ISIS «oprime a los civiles
mosuleños, quienes viven en el dolor y la angustia, mientras los yihadistas
comen y visten lujosamente y cobran altos salarios», lamenta.
Las mujeres han sido obligadas a cubrirse con
el velo integral, mientras que los hombres han sido amenazados con ser
castigados con latigazos o, incluso, ejecutados, si no se dejan crecer barba.
Además, en la ciudad se ha producido un
aumento de los precios de los alimentos y de otros artículos de primera
necesidad como el combustible, el gas o las medicinas, a consecuencia del corte
por los combates de la única ruta para la entrada de mercancías desde la vecina
Siria.
Según los datos del jefe del comité de
seguridad de Nínive, Mohamed al Bayati, el ISIS mató a más de 3.000 ciudadanos
de Mosul en diferentes «actos de genocidio y ejecuciones», y
sacrificó a personas en plazas públicas para intimidar a la gente.
Entre las víctimas de los extremistas hay
miembros de las fuerzas de seguridad, ex candidatos electorales, funcionarios y
miembros del Gobierno de Nínive y periodistas, así como simples civiles
acusados de cargos como apostasía o traición.
Además, otros 7.500 combatientes yihadistas
murieron en bombardeos de la aviación de la coalición y de las fuerzas aéreas
iraquíes contra el ISIS dentro de la ciudad de Mosul, entre ellos dirigentes
árabes y extranjeros de la organización.
Al Bayati explica que la violencia del ISIS
provocó también el desplazamiento de miles de familias que huyeron de la
opresión hacia Bagdad, las provincias del sur o la región autónoma del
Kurdistán.
Mientras, el analista y escritor Rabie al
Yauari califica de «muy crueles» las condiciones de vida tanto de los
desplazados como de los ciudadanos de Mosul y asegura que existe un gran
sufrimiento entre la población por la dificultad de cubrir sus necesidades básicas.
«Han convertido la ciudad en una gran
prisión y solo nos dejan salir de Mosul bajo estrictas condiciones. Llevamos
una vida de esclavos», declara.
La población tiene «miedo a un futuro que
desconoce» y observa un presente lleno de detenciones y asesinatos sin
justificación, además de bombardeos indiscriminados de la coalición que
provocan pérdidas humanas y materiales, agrega Al Yauari.
Los desplazados agotaron asimismo sus ahorros
debido a los altos precios en las provincias de asilo, mientras que la mayoría
de los funcionarios no han cobrado sus salarios.
Los habitantes de Mosul esperan desde hace un
año la liberación prometida por las autoridades iraquíes, mientras ven
extinguirse esa ilusión ante la violencia y poder de los yihadistas, que tras
declarar un califato en el norte de Irak y Siria, siguen expandiendo sus
territorios en esos países.