Morir en la orilla

04/Sep/2015

Por Eli Aljanati de Copredi

Morir en la orilla

Es muy difícil escribir sobre algo tan
doloroso como la muerte de personas – especialmente de niños- en las playas,
escapando de la guerra.
Las imágenes son terribles y duele el alma de
sólo verlas. Estas historias se repiten día a día en Europa, tanto en las
costas, por naufragios de barcos (si así puede llamárselos), como por tierra,
en trenes hacinados de gente, o por cualquier otro medio disponible.
Las mafias campean libremente, en especial en
países donde el Estado prácticamente no existe (Ej. Libia) o no existe
posibilidad de controlar la situación (Ej. Siria, Líbano).
Estos traficantes de personas cobran sumas
exorbitantes a gente que no tiene nada, pero que hacen lo que sea para salvar
sus vidas.
Saben que no tienen escapatoria, si se quedan
tal vez mueran en medio de alguna de todas las guerras que se suceden en la
región. Temen al Estado Islámico y su régimen de terror. Abandonaron sus
trabajos, sus casas, viven en campos de refugiados, compartiendo su desgracia
con millones de otros refugiados.
El mundo contempla cómo en la huída del caos,
mueren personas por miles, ahogados, asfixiados, baleados. Los gobiernos
europeos, tan prestos a condenar todas las “injusticias” del mundo, son los
responsables de al menos, salvaguardar la vida de estas personas que deambulan
por el Mediterráneo. Si los admiten o no en su territorio es un tema que los
europeos deberán resolver, pero al menos no deben dejarlos morir.
Italia y Grecia critican a sus colegas de la
Unión Europea por no entender que son aquellos quienes deben lidiar con la gran
mayoría de quienes huyen del terror.
Hablan de “repartir” refugiados por “cuotas”.
Algunos países están dispuestos a recibir a algunos, otros no. Otros países
pretenden diferenciar entre refugiados “políticos” y “económicos”. Vaya uno a
saber cual es la diferencia en este caso. La “cuestión cultura” vuelve a ser
tema de debate.
Recordemos lo que generó en nuestro país la
llegada de pocas familias musulmanas y multiplique por miles y podrá entender
la preocupación europea.
Los países árabes que sí están en condiciones
de recibir refugiados, hacen silencio. (Arabia Saudita, Qatar, y demás países
de la península arábiga.) Es verdad, ésta es una situación extrema y deben
tomarse medidas inmediatas (y eso nunca es fácil), pero nadie puede creer que
esto no era previsible, la gente iba a huir, necesitaba huir, porque eso es lo
que haría cualquier ser humano que ama a los suyos. Es su obligación
protegerlos y alejarlos del peligro. El
instinto de sobrevivencia es más fuerte que cualquier razonamiento, por más profundo
que sea.
La gente quiere vivir y más aún, quiere
sobrevivir. En Siria, Líbano, parte de Irak y aledaños así como en varios
países africanos, no es posible ni siquiera sobrevivir, por eso la gente huye.
Los testimonios de los refugiados así lo establecen con total claridad.
Un canal de televisión europeo entrevistó hace
unos días a un niño y le preguntó por su intención de emigrar. El niño
contestó: terminen la guerra y no emigraremos. No hay más nada que explicar.
Las razones fundamentales por las que la gente
decide no permanecer en su propio país, ni en su propio pueblo, podrían ser
entre otras:
– Inexistencia
de Estados capaces de ejercer el imperio de la ley y como consecuencia de ello,
surgimiento de mafias que (sin oposición aparente) trafican con personas.
– Guerras
civiles sin visos de culminar y como consecuencia de ello, destrucción de la
infraestructura de los países.
– La
expansión del Estado Islámico, quien con su régimen de terror (especialmente
difundido al mundo por sus propios creadores) desalienta cualquier intento de
permanecer en los territorios que conquista.
Se preguntarán porque debería escribir sobre
este asunto, si (en teoría) como judíos no tenemos “nada que ver con esto”?
Escribo porque creo que sí tenemos que ver con
esto, todo el mundo tiene que ver con esto. Porque siempre hemos reclamado que
el antisemitismo no es un problema de “los judíos” sino un problema de todos.
Esta situación se genera porque quienes persiguen, perjudican y matan a estos
refugiados, no pueden resultarnos indiferentes. Seguramente no simpatizan con
los judíos, seguramente apoyan a quienes pretenden destruirnos, en Israel y en
el resto del mundo. Porque el concepto “Derechos Humanos” y “Democracia” no
figura ni en su diccionario ni en su conciencia.
En nuestro país, toda esta situación no ha
suscitado demasiada consternación popular, ni declaración de ONG alguna (tan
presta a condenarnos cuando lo estiman conveniente), ni marcha de solidaridad,
ni nada. No parece ser un tema de nuestra sociedad, toda esta situación está
muy lejos de nosotros. Ya hemos visto esta aparente apatía, insensibilidad o
acostumbramiento a estas tragedias, ya que poco podemos hacer para evitarlas.
Pero al menos digamos algo, preocupémonos y como dice el dicho, pongamos
nuestras barbas en remojo.
Nuestra primera experiencia con refugiados en
el país aún está en proceso de evaluación. Se han cometido errores, pero hemos
dado un ejemplo al mundo. Ahora es el turno de otros de dar el ejemplo.

No estoy
convocando a protestar por el drama de los refugiados, pero esta situación
verdaderamente lo ameritaría. No debemos permanecer en silencio, y debemos
recordarles a quienes suelen gritar contra nosotros (los judìos del Uruguay),
que hoy permanecieron callados. Finalmente, no nos quedemos sólo con lamentar
la nefasta suerte que corrió Aylan Kurdi, su hermano y su madre (de los que
jamás hubiésemos sabido nada, si no fuera por la tristemente célebre foto).
Como ellos hay miles y habrá aún más. Los refugiados no huyen porque quieren
sino porque deben y ellos son los primeros en saberlo. En Europa recién están
empezando a darse cuenta.