La Intendencia Municipal de Montevideo llevará a
cabo un acto con motivo de la instalación del monumento en homenaje a Ana
Frank, en el espacio de Villa Dolores, mañana –viernes 17 de abril- a las 12.30
en el Parque de la Amistad (Villa Dolores).
Ana Frank es una niña judía que, durante le Segunda Guerra Mundial, tiene
que esconderse para escapar a la persecución de los nazis. Junto con otras
siete personas permanece escondida en la «casa de atrás» del edificio situado
en el canal Prinsengracht n° 263, en Ámsterdam. Después de más de dos años de
haber estado ocultos, los escondidos son descubiertos y deportados a campos de
concentración. De los ocho escondidos, solo el padre de Ana, Otto Frank,
sobrevive a la guerra. Después de su muerte, Ana se hace mundialmente famosa
gracias al diario que escribió durante el tiempo en que estuvo escondida.
Hoy, conmemorando el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y
el horror de los campos de concentración nazis, la inauguración de esta obra
cobra singular significado, legándonos como como enseñanza, las peligrosas
consecuencias de la intolerancia y el racismo.
“Llegará el día en que termine esta horrible guerra y volveremos a ser
personas como los demás, y no solamente judíos…” (Ana Frank)
Sobre la obra
La escultura Ana Frank es una obra de Rubens Fernández Tudurí, artista
uruguayo (1920 – 1993)
Sobre la misma, escribe Sonia Bandrymer:
Pieza única en la historia de las
representaciones plásticas de esta víctima adolescente del Holocausto.
Su famoso diario íntimo, publicado en más de setenta idiomas, es uno de los
diez libros más leídos del mundo y está inscripto en el Registro de Unesco,
Memorias del Mundo, en calidad de patrimonio documental mundial. Desde su
publicación inicial en 1947, el diario,
ha sido acompañado por una fotografía de Ana Frank, feliz y
adolescente, cursando el Liceo en Ámsterdam, a los trece años de edad. El tercer elemento de difusión junto
al libro y la imagen fotográfica, ha sido la cita textual del siguiente
párrafo de su diario: «Asombra que yo no haya abandonado aún todas mis
esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro
a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del
hombre.» En una primera instancia, durante la posguerra fue positivo para
las víctimas haber sido humanizadas con un rostro, un nombre y una vida. Para
la Europa destruida por la Segunda
Guerra Mundial, la frase “…a pesar de todo…sigo creyendo en la bondad innata
del hombre”, instalaba una especie de punto final a un pasado reciente que se
deseaba olvidar. El valor de la representación de Fernández Tudurí, ejecutada
en 1965, radica en haberse rebelado categóricamente ante la popular imagen de
circulación masiva, impidiéndonos
aliviar nuestra conciencia humanitaria. Su Ana Frank acusa los últimos
días de vida de una joven sentenciada a morir de inanición y falta de
salubridad. La extrema delgadez de su figura alcanza dos cometidos esenciales;
uno estético (ya que el modelado con predominio de la línea consigue relaciones
espaciales logradas) y otro vinculado al
dilema de la representación del Holocausto. Quienes aprecien esta escultura, se convertirán en los testigos que Ana Frank
no tuvo en el malogrado e injusto final de sus días. Murió de tifus en marzo de
1945, pocos días antes de la liberación del Campo de Bergen-Belsen. Ana Frank escribía el 20 de junio de 1942:
“El terror reina en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esa pobre
gente, provista tan sólo de una bolsa al hombro y de un poco de dinero. Estos
últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las
familias, agrupando a hombres, mujeres y niños. Los niños al volver de la
escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al volver del mercado,
hallan sus puertas selladas y notan que sus familias han desaparecido. También
les toca a los cristianos holandeses: sus hijos son enviados obligatoriamente a
Alemania. Todo el mundo tiene miedo. Centenares de aviones vuelan sobre Holanda
para bombardear y dejan en ruinas las ciudades alemanas; y a cada hora,
centenares de hombres caen en Rusia y en África del Norte. Nadie está al
abrigo, el globo entero se halla en guerra, y aunque los aliados ganen la
guerra, todavía no se ve el final.” Cuando una
joven adolescente percibe de esa forma el mundo real, no han sido solo
personas físicas las que han sufrido el exterminio, sino también la misma idea
de humanidad. Rubens Fernández Tudurí, contemporáneo de Ana Frank, convoca
a no anestesiar nuestra memoria.
Montevideo rinde homenaje a Ana Frank
16/Abr/2015
Gabriela Fridmanas