Ministerio de Salud de Israel alerta sobre daños físicos y psicológicos en sobrevivientes del cautiverio

13/Ago/2025

Ynet Español- por Or Hadar

En un informe que será entregado a la Cruz Roja Internacional se resume la situación de los secuestrados que regresaron en el último acuerdo. Se describe «tortura física y mental para dañar la moral y causar daños psicológicos», condiciones infrahumanas de detención y peligro de infertilidad.

El Ministerio de Salud de Israel publicó este martes un informe exhaustivo sobre el estado físico y mental de los rehenes liberados en el último acuerdo de intercambio con Hamás. El documento, que será entregado a la presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, solicita con urgencia el suministro inmediato de alimentos, agua y atención médica para quienes aún permanecen en cautiverio. “Lo más urgente es garantizar su liberación para que reciban el tratamiento médico que puede salvarles la vida”, declaró la doctora Haggar Mizrahi, jefa de la División Médica del Ministerio.

Condiciones inhumanas y tortura sistemática

El informe, basado en testimonios de 12 sobrevivientes que aceptaron participar en la recopilación de datos, describe un patrón sistemático de abuso físico y psicológico, negligencia médica y condiciones de vida subhumanas. “La realidad del cautiverio fue diseñada deliberadamente para quebrar el espíritu, causar daño psicológico y facilitar el control sobre los rehenes”, señala el documento.

Los equipos médicos que atendieron a los liberados reportan daños severos que podrían haberse evitado con atención médica adecuada. El ministerio advierte que los rehenes que aún permanecen en Gaza —tras 676 días de cautiverio— enfrentan un peligro inmediato para su vida, y que cada día adicional aumenta el riesgo de daños irreversibles.

Los rehenes fueron mantenidos en condiciones variables, muchos de ellos durante largos períodos bajo tierra en túneles estrechos y oscuros, con escasas salidas a la superficie. Algunos fueron obligados a caminar largas distancias en completa oscuridad, atravesando obstáculos peligrosos que provocaron caídas y lesiones.

Las condiciones de vida descritas son alarmantes: espacios de apenas dos metros cuadrados, con techos de menos de metro y medio de altura, donde hasta seis personas eran confinadas sin posibilidad de movimiento. La higiene personal era prácticamente inexistente, con acceso limitado a agua corriente, duchas esporádicas con agua fría y ropa interior que se cambiaba, en el mejor de los casos, cada seis meses.

Enfermedades, desnutrición y deterioro físico

Los liberados sufrieron infecciones intestinales, enfermedades respiratorias, deshidratación severa, pérdida de conciencia y exposición constante al polvo y la arena, lo que provocó trastornos respiratorios crónicos. También se reportaron afecciones dermatológicas como sarna, piojos, erupciones y dermatitis persistente.

La desnutrición extrema llevó a una pérdida de peso de entre el 15% y el 40% del peso corporal. La combinación de mala alimentación y falta de movimiento causó sarcopenia grave (pérdida de masa muscular), disminución de la densidad ósea y riesgo elevado de fracturas. Los análisis de laboratorio revelaron deficiencias nutricionales severas, incluyendo escorbuto por falta de vitamina C, hemorragias musculares, deficiencia de vitamina K, D y A, y un sistema inmunológico debilitado.

Incluso las lesiones ortopédicas quedaron sin tratamiento, lo que derivó en daños permanentes. En un caso, un rehén intentó tratarse por sí mismo y perdió el conocimiento. En otro, recibió medicación incorrecta que puso en riesgo su vida.

Abuso psicológico y deshumanización

El informe también documenta una campaña sistemática de abuso psicológico: aislamiento extremo, amenazas constantes, privación de necesidades básicas y humillaciones. Algunos sobrevivientes relataron cómo sus captores manipulaban armas frente a ellos, simulando ejecuciones para provocar terror. En varios casos, los captores mostraban placer ante el miedo de los rehenes.

Se registraron casos de acoso sexual prolongado, tanto a mujeres como a hombres, con comentarios degradantes sobre sus cuerpos. Los captores también empleaban frases como “nadie los espera” o “no los quieren” para intensificar el sufrimiento emocional.

La deshumanización incluyó la negación de privacidad, incluso al usar los servicios sanitarios, y la obligación de consumir alimentos podridos y contaminados. Todo esto conformó un sistema de tortura psicológica que dejó secuelas profundas.

Secuelas físicas, emocionales y reproductivas

El Ministerio advierte que los daños físicos son graves y, en muchos casos, irreversibles. Se reportan lesiones nerviosas permanentes por disparos, esquirlas y ataduras prolongadas. También hay preocupación por el impacto en el sistema endocrino: mujeres liberadas han experimentado alteraciones hormonales y menstruales, lo que podría afectar su fertilidad.

Muchos sobrevivientes sufren tinnitus y pérdida auditiva por explosiones. Las secuelas psicológicas incluyen estrés postraumático, pesadillas, flashbacks, disociación, ansiedad constante, hipervigilancia, y dificultad para estar solos o en lugares concurridos. Algunos evitan alimentos o situaciones que les recuerdan el cautiverio, y otros enfrentan problemas de sueño, fatiga crónica y cambios extremos de humor.

Los liberados expresan una profunda “culpa del sobreviviente”, al haber escapado mientras familiares y amigos fueron asesinados o siguen cautivos. Esta culpa se agrava por decisiones tomadas durante el cautiverio y por la percepción de que podrían haber hecho más para proteger a otros. La continuación del cautiverio de quienes quedaron atrás obstaculiza su recuperación emocional y perpetúa el trauma.