Marshall Meyer- A 25 años de su fallecimiento

18/Ene/2019

Por Lic. Rafael Winter (Rufo)

Marshall Meyer- A 25 años de su fallecimiento

Fue un 29 de diciembre del año 1993. Por calendario hebreo, era el 15 del mes de Tevet.
Un Marshall Meyer aún joven, 63 años -había nacido en 1930- dejaba este mundo terrenal para pasar a la eternidad, luego de una vida muy, muy intensa.
Ha pasado un cuarto de siglo de su fallecimiento.
Marshall Meyer fue un rabino perteneciente al Movimiento Conservador (hoy en día lo llamaríamos masorti) norteamericano.
Uno de los que influyeron en él fue el gran pensador y filósofo Abraham Yoshua Heshel.
En el año 1959, la Congregación Israelita de la Rep. Argentina solicita a la sede de dicho Movimiento en los EEUU un asistente, para el rabino titular de aquel momento, el rab. Schlesinger.
Y se envía como asistente al recientemente ordenado rabino Marshal Meyer.
Viaja a la Argentina (Buenos Aires) con su señora Noemí.
La idea era que Marshall Meyer se quedara solamente dos años pero finalmente se quedó… veinticinco.
Su visión del judaísmo y de la realidad del judaísmo en la Argentina tal como él la comprendía, lo llevó a separarse de la Congregación original, modificando estructuras, innovando y tratando de atraer por sobre todo a la juventud, muy alejada de los marcos comunitarios y sinagogales en aquel momento.
Y comenzó su obra.
El nombre de Marshall Meyer se asocia a la Comunidad Bet-El; al Seminario Rabínico Latinoamericano; a la revista Majshavot (pensamientos); a la traducción en español y publicación de innumerables libros sobre temas judíos; a los campamentos » Ramah»para jóvenes.
Impetuoso, carismático, enérgico, tenaz, llevó adelante una tarea monumental.
Sin embargo, Marshall Meyer llegó a la cúspide de su trayectoria por su oposición a la dictadura militar en la Argentina (1976-1983). En esos trágicos años fue, de parte judía, un emblema en la lucha en favor de los Derechos Humanos junto a otro rabino con afinidades ideológicas, Roberto Graetz.
Cuando el tema de los desaparecidos pasa a ser cada vez más candente, Marshall Meyer comienza a visitar las cárceles para traer consuelo a judíos y también a gentiles. Como así también a sus familiares.
Más de una vez estuvo frente a frente, cara a cara, con algunos de los peores represores de aquel momento. «Vengo a buscar una oveja de mi rebaño que tú me quitaste», les decía.
Durante esos años actuó con coraje y valentía sin límites, muchas veces arriesgando su propia vida.
Entabló contactos con distintas Embajadas, además de la de Israel, en su desesperada búsqueda de desaparecidos. Fue integrante, junto con el Rab. Graetz, de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos y junto con el periodista Herman Schiller fundó en esos años el Movimiento Judío por los Derechos Humanos.
Su Sinagoga fue, en esos durísimos años, refugio y contención para judíos y no judíos por igual.
Cuando Argentina vuelve a la democracia, el Presidente Alfonsín lo designa para integrar la CONADEP, Comisión formada para investigar a fondo lo que -se sabía- había ocurrido con los desaparecidos.
El informe de la Comisión llevó el lema de «Nunca Más», a propuesta del Rabino Marshall Meyer.
El Presidente Alfonsín también le otorga una distinción muy especial: la Orden del Libertador San Martin.
Cuando las aguas habían vuelto a su cauce, Marshall decide volver a los EEUU.
Algún tiempo después toma el liderazgo espiritual de la Comunidad Bnei Yeshurún, en Nueva York, comunidad que estaba en bancarrota al llegar él.
Con el paso de los años la convierte en una congregación multitudinaria.
Su obra allí fue, más allá de lo litúrgico y sinagogal, especialmente social: dando refugio a gente en situación de calle y dando refugio también a personas infectadas con el HIV -muchos discriminados y marginados- que por aquellos años ya estaba haciendo estragos.
Hace poco más de 25 años Marshall dejó este mundo.
Pero por sobre todo, dejó mucho en este mundo.
Y más allá de su encomiable obra en materia de judaísmo, en la época más sombría que vivió la Argentina durante el siglo pasado, su titánica y valiente labor en pro de los Derechos Humanos -que por supuesto también son esencia del judaísmo- lo marcó en la historia para siempre.
Y como tal fue, es y será recordado.