Una imagen vale más que mil palabras.
La foto de este niño sirio de cinco años, herido, como aturdido y sin entender lo que pasa – en realidad quién puede comprender lo que pasa- recientemente ha recorrido el mundo y habla por sí sola.
Es la imagen que representa el horror y que probablemente, cuando algún día termine esta masacre que ya lleva casi 300.000 muertos, quedará como una de las más simbólicas.
No sé quién bombardeó a este niño. ¿Fueron los rusos que apoyan al Presidente Assad y no demuestran demasiado interés en la rápida finalización de la guerra? ¿Fueron las fuerzas «leales» al Presidente sirio? Seguramente quien lo hizo no reconocerá «yo fui». O buscará excusas.
En este horrible conflicto también juegan papel fundamental los rebeldes contrarios a Assad -no sé quién es «mejor»- y el Estado Islámico, los terroristas nazis del Islam quienes, aprovechando el caos allí existente al igual que en Irak, se introdujeron ya hace años en este drama. Parecería que están perdiendo pie pero hasta donde pueden siguen masacrando a diestra y siniestra. En la medida en que no se los frene lo seguirán haciendo, porque está en su esencia. En nombre de…
Alepo es la ciudad que quizás más que ninguna otra simboliza la tragedia de la cual es víctima este país. La lejanía geográfica no impide, no debería impedirnos ser sensibles ante tamaño desastre.
Infinidad de personas bajo los bombardeos, sufriendo, pasando hambre. Enfermedades.
Esporádicamente, muy esporádicamente, corredores humanitarios. Los más vulnerables: los niños.
En un terrible conflicto interno, guerra civil con intervenciones foráneas que ya lleva cinco años, no hay respiro, no hay piedad y no se ve aún la luz al final de este túnel muy largo y muy oscuro. No se ve.
Y como sabemos, otra consecuencia grave: la enorme cantidad de refugiados que han escapado, los que aún se quieren ir y el dilema humanitario -no siempre bien resuelto- que provoca entre las naciones, especialmente las europeas, de cuántos y a quienes recibir.
Todo esto ante la impotencia del mundo y de las Naciones Unidas.
Un tibio «proceso de paz» comenzó hace algún tiempo pero los resultados todavía están muy lejanos.
Algunos quieren hacer algo y no pueden. Otros pueden y no quieren. Algunas de las potencias -sí, Rusia entre otras- que tienen la llave para parar la masacre piensan, antes que nada en su estrategia política, es decir en sus propios intereses.
Y bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo -al que sin duda hay que enfrentar pero no usarlo como pretexto- arrasan con lo que venga y apoyan a un tirano porque para ellos es «el mal menor». En realidad es afín a sus propios intereses o ellos a los de él. Y además para que otras potencias tampoco saquen su «tajada» o «beneficio» estratégico o político del conflicto.
¿Es posible sacar «beneficio» de este horror?
¿Y en cuanto a los países del mundo árabe? Hay países árabes que sí han recibido a los refugiados, lo que por supuesto es importante pero más allá de eso: la Liga Árabe como tal ¿qué hace para detener el conflicto que está destrozando a un país… árabe?
Parecería ser que, cuando árabes matan a árabes, la Liga Árabe no le otorga la misma trascendencia que a otros conflictos de la región.
En algún momento la guerra se terminará, pero una vez más la humanidad habrá perdido otra batalla.
Los niños de la guerra
23/Ago/2016
Lic. Rafael Winter (Rufo), para CCIU