Uno de los factores que conspiraron contra la integración judía en el siglo XIX fue el “nacionalismo”. Las naciones europeas abrazaron esta ideología que alentaba a los pueblos a buscar sus raíces históricas y su singularidad en el pasado y de esta manera se acentuaban las diferencias con las otras naciones, y se exaltaban, entre otros aspectos, sus particularismos lingüísticos, culturales, y folklóricos.
Con este espíritu, se diseñaron y crearon los símbolos nacionales, se valorizaron los mitos populares de un pasado lejano dándoles una dimensión gloriosa. Se soñaba con volver a ser “la nación ideal” que una vez se había alcanzado; se fortaleció el sentimiento de pertenencia a un origen común, y se desarrolló una feroz lucha contra las ideas o contra aquellos que defendían y legitimaban las doctrinas igualitarias o democráticas que según los nacionalistas degradaban y ponían en peligro al verdadero “ser nacional”.
Las voces nacionalistas se oponían terminantemente a los procesos de emancipación de los judíos. Comenzaron a escucharse protestas por el ingreso y la participación judía en los diferentes ámbitos de la vida europea. Se difundió el temor respecto de las actividades y ocupaciones que éstos desarrollaban. Se los comenzó a acusar de que habían ingresado a la sociedad para dominarla económica y políticamente. Expresiones tales como: “los judíos, reyes de Europa” o “la logia judía”, tendían a generar un estado de alerta y a provocar el miedo por la presencia judía en la sociedad.
Francia se transformó en un ejemplo paradigmático de este tipo de expresiones. Pensadores y escritores de derecha e izquierda multiplicaban sus ataques y subrayaban la perniciosa presencia de los judíos en la vida francesa. Entre los más famosos se contaban: Pierre Proudhon, Maurice Barrès, Jules Guérin, Gustave Trideon, Charles Maurras, y Ernest Renan. La obra “Les Juifs, Rois de l’Epoque” (Los judíos, reyes de la época), del año 1844, de Alphonse Toussenel, sirvió por varios decenios como un texto clásico del antisemitismo francés.
Entre los años 1853 y 1855, el filósofo francés Arthur de Gobineau publicó en París los cuatro volúmenes de su obra principal: “Essai sur l’inégalité des races humaines“ (Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas). La obra se transformó en la base de la filosofía racial y tuvo una enorme aceptación en Alemania, aún mayor que en la propia Francia. Gobineau, quien no se consideraba un antisemita, creía que la raza era la llave para el ascenso y la caída de las civilizaciones, y que la raza aria era la que concentraba las mayores virtudes que la hacía superior a las otras, como la negra y la amarilla. El autor sostenía que las sociedades superiores se corrompían y se degradaban cuando se mezclaban y se amalgamaban con razas inferiores, por lo tanto era un imperativo radical mantener al extremo la pureza racial.
Las ideas antisemitas en Francia crecieron a partir de la publicación, en 1886, del libro de Eduard Drumont: “La France Juive” (La Francia judía). Esta obra presentaba el histórico antagonismo entre arios y semitas, describiendo su destructiva influencia en la historia de Francia. El autor exigía una revolución social basada en el reparto de la propiedad judía. En el texto se describía al judío como un semita vil y codicioso, cosmopolita, astuto y nómade, es decir, un ser que pertenecía a una raza antes que ser practicante de una religión. Importantes críticos literarios consideraban a “La Francia Judía” como una obra maestra de la literatura francesa; el libro fue un éxito de ventas y de esta manera se multiplicó a través de centenares de miles de ejemplares, la difusión de las ideas y de la actividad antisemita. La divulgación de la obra trajo aparejado el crecimiento de asociaciones estudiantiles, de grupos políticos y hasta de parlamentarios antisemitas que desde sus bancas, difundían sus ideas antijudías. Es importante señalar que el texto de Drumont tendrá decisiva influencia en el obra “La Bolsa” del autor argentino Julián Martel, 1890, quien adaptó los conceptos antisemitas al contexto argentino de la época. Durante el Proceso Militar argentino, 1976-1983, el libro fue material de lectura obligatoria en las escuelas secundarias.
La prensa antisemita francesa en ocasión del escándalo financiero y político del “Caso Panamá”, culpó de la bancarrota al “capital judío” y afirmaba que había sido una confabulación a nivel internacional planificada por los judíos en la que muchos inversionistas católicos habían perdido sus ahorros. A comienzos del año 1892, se inició la publicación del diario antisemita “La Libre Parole”, también bajo la dirección de Eduard Drumont, un periódico nacionalista francés que circuló entre los años 1892 y 1924. Desde sus páginas se trató de relacionar la quiebra del proyecto del canal de Panamá con la avidez y ambición de los financistas judíos. Drumont confeccionaba listas, difundía nombres, multiplicaba rumores y retrataba a los judíos como el símbolo de la anti-Francia. Personalidades como: los Rothschild, Cremieux, Heine, Marx, Disraelí, entre otros, eran los representantes de los verdaderos enemigos del pueblo francés.
A fines del siglo XIX el antisemitismo se había difundido por toda Europa con múltiples facetas: biológica y racial en Alemania o como culpables del proceso de desintegración política del Imperio Austro-Húngaro. Por ese entonces la ciudad de Viena era la gran metrópoli judía centroeuropea y a la vez el gran centro del odio pangermánico al judío.
En esos países se multiplicaron las ligas antisemitas, no solo para estigmatizar a los judíos sino también para liberarse de ellos de cualquier forma. Surgieron movimientos y partidos políticos que abiertamente se declararon antisemitas y que bajo la excusa de la libertad de expresión, difundían en sus plataformas ideológicas o electorales sus diatribas contra los judíos.
Los ideólogos del odio – Francia
23/Jun/2017
Radio Jai- por Prof. Yehuda Krell