Los espacios vacíos de Gaza

08/Ago/2014

elmed.io, Por Alan Dershowitz

Los espacios vacíos de Gaza

¿Cuántas veces han oído en televisión o han
leído en la prensa que la Franja de Gaza es “la zona más densamente poblada del
mundo”? Sn embargo, repetir esa afirmación no la hace cierta. Hay partes de
Gaza con una alta densidad de población, sobre todo Gaza City, Beit Hanun y Jan
Yunis, pero hay otras, entre esas ciudades, donde la densidad es mucho menor.
Miren en Google Earth, o en este mapa de densidad de población.

El hecho de que existan esas zonas poco
pobladas en la Franja de Gaza plantea algunas cuestiones importantes desde el
punto de vista moral: en primer lugar, ¿por qué los medios no muestran los
espacios relativamente abiertos de la Franja? ¿Por qué sólo muestran las
ciudades densamente pobladas? Hay varios motivos posibles. En las zonas poco
pobladas no hay combates, así que mostrarlas resultaría aburrido. Pero ésa es
precisamente la cuestión: mostrar áreas desde que las que Hamás podría estar
lanzando cohetes o en las que podría construir túneles, pero donde ha preferido
no hacerlo. O quizás la razón por la que los medios no muestran estas zonas es
porque Hamás no les deja. Ésa también sería una historia digna de ser contada.

En segundo lugar, ¿por qué Hamás no emplea las
zonas poco pobladas para lanzar desde allí sus cohetes y construir sus túneles?
Si lo hiciera, las víctimas civiles palestinas descenderían radicalmente, pero
el porcentaje de terroristas muertos aumentaría de manera espectacular.

Por eso, precisamente, Hamás elige las zonas
más densamente pobladas para excavar y disparar. La diferencia entre Israel y
el movimiento islamista es que el Estado israelí emplea a sus soldados para
proteger a sus civiles, mientras que Hamás utiliza a sus civiles para proteger
a sus terroristas. Por eso la mayoría de las bajas israelíes han sido soldados
y las de Hamás, civiles. El otro motivo es que Israel construye refugios para
sus civiles, mientras que los islamistas palestinos sólo los construyen para
sus terroristas, tratando que la mayoría de las víctimas se cuenten entre sus
escudos humanos.

La ley está clara: usar civiles como escudos
humanos –como establece el manual de combate de Hamás– es un crimen de guerra
absoluto. No hay excepciones ni es cuestión de grado, sobre todo cuando hay
alternativas. Por otra parte, disparar contra objetivos militares legítimos,
como cohetes y túneles terroristas, está permitido, a menos que el número
previsto de bajas civiles sea desproporcionado respecto a la importancia
militar del objetivo en cuestión. Es una cuestión de grado y de juicio, que a
menudo resulta difícil de calcular en medio del fragor de la guerra. La ley
también es clara estableciendo que cuando un criminal toma un rehén y lo
utiliza como escudo tras el cual dispara contra civiles o policías, si el
policía devuelve los disparos y mata al rehén el culpable de asesinato es el
criminal, no el policía. Así sucede también con Hamás: cuando emplea escudos
humanos y los militares israelíes devuelven los disparos y matan a alguno de
los escudos, es Hamás el responsable de sus muertes.

La tercera cuestión de índole moral es: ¿por
qué Naciones Unidas trata de cobijar a civiles palestinos justo en mitad de las
zonas desde las que dispara Hamás? El Movimiento de Resistencia Islámico ha
decidido no utilizar las zonas menos densamente pobladas para lanzar cohetes y
excavar túneles. Por eso, la ONU debería servirse de estas zonas poco pobladas
como lugares de refugio. Dado que la Franja es relativamente pequeña, no
resultaría difícil trasladar a los civiles a esas zonas más seguras. Debería
declararlas libres de combates y construir allí refugios temporales –tiendas de
campaña, si fuera necesario– como lugares de asilo para los habitantes de las
abarrotadas ciudades. Debería impedir que en esos santuarios entraran
combatientes de Hamás, cohetes o constructores de túneles. Así, la organización
terrorista no podría usar escudos humanos e Israel no tendría motivo alguno
para disparar sus armas ni remotamente cerca de esos santuarios de Naciones
Unidas. El resultado neto sería un considerable número de vidas salvadas.

Pero, en vez de eso, Naciones Unidas le hace
el juego a Hamás cobijando a civiles justo al lado de sus combatientes, armas y
túneles. Luego, la ONU y la comunidad internacional acusan a Israel de hacer
precisamente lo que Hamás pretendía que hiciera, es decir, disparar contra sus
terroristas y, al hacerlo, matar a civiles protegidos por el organismo
internacional. Es un juego cínico el que juegan los terroristas, pero no les
saldría bien sin lacomplicidad de las agencias de la ONU.

La única forma de asegurarse de que la
estrategia de Hamás de emplear escudos humanos para maximizar las víctimas
civiles no se repite una y otra vez es que la comunidad internacional, y sobre
todo la ONU, no la animan y favorecen, como están haciendo ahora.Debe aplicarse
la legislación internacional contra la organización terrorista por su doble
crimen de guerra: usar escudos humanos civiles para disparar contra objetivos
civiles israelíes. Si se pusiera fin a esa estrategia, entonces Israel no
tendría que responder en defensa propia. Aplicar las leyes de guerra sólo a los
israelíes no servirá de nada, porque cualquier país que se enfrente a cohetes y
túneles destinados a atacar a sus civiles contraatacará. Cuando los
combatientes y los constructores de túneles se ocultan tras escudos humanos, es
inevitable que causen víctimas civiles –no intencionadas por parte de Israel,
pero sí por la de Hamás–, independientemente del cuidado que tengan los
defensores. Israel ha tratado por todos los medios de minimizar las bajas
civiles. Hamás ha hecho todo lo posible por maximizarlas. Ahora Naciones Unidas
y la comunidad internacional deben tratar con todas sus fuerzas de convertirse
en parte de la solución, no del problema.