Los combatientes por la libertad

15/Feb/2011

La República, Hugo Acevedo

Los combatientes por la libertad

Flammen y Citronen. Filme danés que recrea la lucha clandestina de la resistencia contra
el nazismo.La resistencia a las hordas nazistas fue un auténtico acto de heroísmo colectivo que, en los países invadidos y sojuzgados durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial por el poder hegemónico de turno, asumió dimensiones realmente épicas que perviven en el imaginario colectivo.
Hugo Acevedo
15-2-2011
La batalla por la libertad en los territorios ocupados por el feroz autoritarismo hitleriano ha originado recurrentes recreaciones cinematográficas, algunas de ellas adaptadas a las meras pautas de la demanda del mercado y otras, las menos, centradas en el memorable estoicismo de los combatientes que no sucumbieron a la prepotencia.
Por más que la filmografía sobre el tema es profusa y su análisis en una sola nota es naturalmente inabarcable, quizás un filme sobresale particularmente por su excepcional calidad cinematográfica y estatura testimonial: «El ejército de las sombras».
Esta película, producida en 1969 y dirigida por el venerable maestro Jean Pierre Merville, es una de las reconstrucciones más rigurosas y verídicas de la historia de la resistencia francesa al invasor, que retrata minuciosamente las actividades clandestinas de esta organización armada.
Empero, también los sobrevivientes de los campos de concentración fueron a su modo resistentes, aunque en condiciones bastante más adversas y degradantes. En este contexto, correspondería mencionar recordados títulos de la talla de «La lista de Schindler», de Steven Spielberg, y «El pianista», de Roman Polanski, entre muchos otros.
En «Flammen y Citronen», el cineasta danés Ole Christian Madsen construye una obra de fuerte acento histórico y documental, que recrea el rol combatiente de los rebeldes que enfrentaron al omnímodo poder del imperio más poderoso de la primera mitad del siglo pasado.
La narración, que está inspirada en hechos reales, comienza en 1944, en Copenhague, donde Flammen (cuyo nombre real es Bent) y Citronen (Jorgen) son dos activistas que tienen a su cargo la ejecución de los colaboracionistas y de los miembros de las organizaciones nazis.
Empero, el fracaso de un atentado contra dos enemigos que deben ser eliminados, deviene en un auténtico caos hacia la interna del movimiento clandestino y en terribles represalias de los nazis.
Se presume que existe un infiltrado en la célula insurrecta, lo cual ahonda el sentimiento de incertidumbre y desconfianza que agobia a los integrantes del movimiento. Las sospechas se centran en una mujer, con la cual uno de los personajes mantiene un romance.
Aunque esta es básicamente la escenografía del relato, la historia se concentra particularmente en las actividades de los dos combatientes, quienes asumen -sin renunciamientos ni actitudes dubitativas- que tienen una misión histórica y patriótica que cumplir.
No obstante, a diferencia de lo que suele suceder con las producciones comerciales de alto consumo y liviana digestión, este filme no exalta el costado heroico de los guerrilleros.
El realizador danés desestima todo abordaje epidérmico o maniqueísta, asumiendo que los protagonistas de esta narración, que realmente existieron, eran seres de carne y hueso, inspirados por superiores ideales pero también por ambiguos sentimientos.
En ese contexto, la obra humaniza a estos individuos, que suelen enfrentarse, muchas veces involuntariamente a situaciones límite, bajando a tierra los decibeles del heroísmo y la abnegación.
Esta película corrobora que los resistentes también tenían sus conflictos psicológicos y sus dilemas morales, situación sobredimensionada por la agobiante incertidumbre de la coyuntura histórica y la suprema necesidad de sobrevivir.
No obstante, más allá de eventuales discursos de naturaleza ética, «Flammen y Citronen» es también una intriga de alto impacto, que discurre por los territorios del cine espionaje, aunque sin encasillarse en los habituales clichés del género.
En este relato, el director Ole Christian Madsen también apuesta a la excelencia formal, con una minuciosa reconstrucción de época y una calidad fotográfica acorde con las demandas de la historia.
Corroborando que nada estuvo librado al azar, el competente reparto actoral demuestra una indudable solvencia interpretativa, que coadyuva a mejorar sustancialmente el resultado del producto.
«Flammen y Citronen» retrata, con plausible sabiduría, la agobiante pesadilla de la ocupación, la tensión de los sobrevivientes de un drama humano y los sueños de libertad de un pueblo sometido.