Los cargos por encima de la verdad

31/Jul/2026

Dr. Eduardo Kohn/Radio Jai

 

 

La reelección de Volker Türk como Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y el reciente enfrentamiento entre Estados Unidos y Francia en el Consejo de Seguridad sirven de punto de partida para una crítica al funcionamiento del organismo internacional.

 

La semana pasada, la Asamblea General de la ONU reeligió por cuatro años al Alto Comisionado para Derechos Humanos Volker Turk, abogado austríaco y funcionario del organismo hace 35 años. Las actas de la ONU no detallaron ni los 144 países que aprobaron la reelección del Alto Comisionado ni las 13 abstenciones, aunque se sabe que entre estas últimas estuvieron las de Ecuador, Paraguay, Perú, República Dominicana. Los 10 países que votaron en contra fueron Argentina, Burkina Faso, Corea del Norte, Estados Unidos, Israel, Mali, Nicaragua, Nigeria, Rusia y Trinidad y Tobago. Europa, África y Asia lo apoyaron en bloque y de América Latina, entre otros, Brasil, México, Uruguay, Cuba.

 

Este lunes pasado, sucedió algo sin precedentes en el Consejo de Seguridad. Dos de sus miembros con veto, tuvieron un enfrentamiento público que a muchos llamó la atención, aunque en el contexto geopolítico mundial actual debería concluirse que es extraño que no haya pasado hasta hoy.

 

Estados Unidos abandonó este lunes la sesión del Consejo de Seguridad cuando Francia tomaba la palabra, en protesta por comentarios del representante del gobierno de Macron que comparaban la política de derechos humanos de Washington con la de Corea del Norte y otros Estados autoritarios. El tema de la reunión era la guerra de Rusia y Ucrania. Dan Negrea, Embajador suplente de Estados Unidos atacó a Francia diciendo que “hay un miembro de este consejo que finge indignación moral y pretende dar lecciones al resto sobre cualquier tema, ya sea sobre el conflicto que discutimos una vez más hoy o sobre asuntos ajenos a la paz y la seguridad internacionales, como los derechos humanos. Por eso nos retiramos durante la intervención de Francia”.

 

El trasfondo del incidente fue la votación para reelegir a Turk como Alto Comisionado. Estados Unidos, como ya lo anotamos fue uno de los 10 que votaron en contra. Entre esos votos hubo algunos impresentables como Corea del Norte y Nicaragua, pero también es cierto que hubo democracias que por distintos motivos han visto como Turk ha ejercido su cargo con escasa ética y dudoso profesionalismo siguiendo la línea del secretario general a quien nadie recordará en poco tiempo. Y las democracias que no votaron por el abogado austríaco fueron Estados Unidos, Argentina, Israel, entre otros. Pero Francia, adjudicándose derechos morales y éticos con los que soñaba Napoleón tuvo la idea de declarar que: “Estados Unidos solía ser un faro de los derechos humanos. Ya no lo es. Hoy se ubica junto a Corea del Norte, Nicaragua, Malí y Rusia, aislado. Y el mundo ya no lo escucha”.

 

Estados Unidos solía ser un faro de los derechos humanos. Ya no lo es. Hoy se ubica junto a Corea del Norte, Nicaragua, Malí y Rusia, aislado. Y el mundo ya no lo escucha”.

 

Esa comparación fue el detonante para que el embajador Negrea respondiera: “Les recuerdo que es Estados Unidos el que sigue siendo el faro de la libertad para el mundo. Por eso, no les concederemos el beneficio de escuchar su discurso politizado”. Negrea se retiró de sala, y la reunión del Consejo fue tan inútil como todas. En lugar de cambiar el curso de la guerra entre Rusia y Ucrania, la lenidad de toda la ONU y en especial el Consejo de Seguridad hacen que sea más noticia el enfrentamiento muy peligroso entre Estados Unidos y Europa, ahora con Francia, que la tragedia de una guerra que lleva cuatro años y no tiene delante de sí ningún camino de salida.

 

El embajador francés, Jérôme Bonnafont, no se quedó en silencio y respondió que “Este año celebramos el 250 aniversario de Estados Unidos. Y todos conocen el papel que Francia desempeñó en eso. Francia trabaja en la ONU, tanto en el Consejo de Seguridad como en la Asamblea General, para preservar esta institución, su independencia y su capacidad de actuar al servicio de la Carta, de los derechos humanos y de la paz”. Si esto fuera cierto, ¿dónde ha estado y está Francia para lograr que la destrucción física y política del Líbano por parte de Hezbollah no tenga ya décadas de desgracia y miseria y hoy se intente resolver entre las partes con mediación de Estados Unidos? Aunque la respuesta es obvia, hay que subrayarla: Francia estuvo haciendo discursos en la ONU que tanto elogia, mientras los muertos, las guerras y el terrorismo hicieron del Líbano lo que es hoy.

 

¿Dónde estuvo Francia el 7/10 (además de las declaraciones) haciendo que la ONU que tanto cree que es útil, hiciera algo real para terminar con el terrorismo de Hamas, para poner la cara y algo más a Irán que armó a Hamas, para gestionar en algo que los secuestrados israelíes no fueran despedazados por los Mengele del grupo terrorista que no sólo torturaron a los heridos, sino que participaron en violaciones de todo tipo contra víctimas de cualquier edad? ¿Qué hizo Francia para que la Cruz Roja no fuera otra vez, ahora en Gaza, un arma para ayudar a destruir vidas judías como lo hicieron durante la Shoá?

 

Basándonos en investigaciones estadísticas de organizaciones civiles sobre la tarea de Turk como Alto Comisionado de DDHH, encontramos: Turk ha criticado con la mayor severidad que le permite su cargo a Estados Unidos más que a China, Corea del Norte, Cuba, Arabia Saudita y Qatar, todos juntos. Pero esto tiene otros detalles. Turk ha atacado a más de una Administración americana, no sólo en los últimos dos años. Qatar lo ha felicitado, aplaudido y recibido con pompa, elogiando su postura contra Israel. Pero Qatar hoy hace silencio cuando Turk no dice nada que tenga algún valor ejecutivo sobre los bombardeos de Irán a estados árabes, entre ellos Qatar, porque Turk no suele enfrentar la barbarie de los Ayatolas.

 

Turk ha hecho menciones modestas y cuidadosas sobre deportaciones de uigures desde Tailandia a China. Esta población de más de 15 millones, de religión musulmana, que vive en Asia Central, tiene a casi dos millones en campos de concentración chinos. De esto, Turk todavía no ha sido informado por lo que se deduce de su silencio.

 

Una vez Hamas perpetró la barbarie del 7/10, Turk ha agraviado, vociferado, vilipendiado, y atacado a todo Israel (gobierno, fuerzas de defensa, habitantes) condenando 49 veces, sí, 49 veces el derecho de Israel a defenderse de un intento de genocidio. Jamás llegó a esa cifra de brulotes contra los genocidios que sí se están perpetrando a vista y silencio del mundo en Myanmar y en Sudán. Y a Maduro, un narco terrorista que cometió crímenes de lesa humanidad contra su propio pueblo, Turk lo rezongó 4 veces en 4 años.

 

Cuando en febrero de este año, EE. UU. e Israel atacaron a Irán, la palabra más diplomática de Turk fue que eran acciones “deplorables”. Cuando Irán bombardeó sólo civiles en Israel, Turk hizo lo mismo que en 2023 su jefe Antonio Guterres. El mismo octubre del 23, Guterres para apoyar a Hamas dijo que la barbarie del 7/10 “fue en un contexto”. Este año, Turk dijo que los ataques a civiles por parte de Irán eran “represalias” y nunca hizo ni ahora ni en sus 4 años en su cargo, ninguna mención a los brazos de la hidra iraní, o sea, los hutíes, las milicias en Irak, Hezbollah, Hamas y Jihad Islámica.

 

El viernes pasado, Turk logró renovar un enorme contrato como compensación por haber extendido la impunidad al terrorismo y al autoritarismo, y a la larga, por hacer de la ONU lo que hoy se ve: una vieja caja de resonancias muy averiada que navega por un pantano de donde unos más que otros quieren sacarla del hundimiento en los próximos meses eligiendo un nuevo secretario general.

 

La crisis del multilateralismo concebido a partir de 1945 es el resultado de un proceso de desgaste estructural donde la competencia geopolítica está paralizando la gobernanza global, que fue viendo cómo se hundía y hoy está, como hemos dicho, en un pantano. La falta de respuestas del sistema internacional ha erosionado la legitimidad de las instituciones y deja a las naciones en desarrollo en una posición de vulnerabilidad crítica frente a la unilateralidad de los más más grandes y fuertes. Los que siguen apostando a que un nuevo secretario general hará renacer a la ONU no quieren o no pueden ver que los Turk y Guterres de turno luchan por cargos, no por el prójimo. ¿Alguien en su sano juicio cree que la ONU como tal puede evitar que China le entregue a Irán las armas que necesita o que podría detener el estado de guerra latente y permanente en todo Medio Oriente?

 

Hoy existe el minilateralismo (acuerdos entre pocos países con metas muy puntuales); el unilateralismo de las potencias y sus consecuencias; y una suerte de plurilateralismo para acordar también entre pocos algunas normas comerciales y algún tema de seguridad. En ese contexto, la elección de cargos en la ONU por sí solo, es un insulto a la inteligencia.