Los caballeros teutónicos

20/Oct/2010

La República; por Dari Mendiondo Bidart; 20/10/10

Los caballeros teutónicos

Por Dari Mendiondo Bidart
20-10-10
«Y vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, porque Dios protege a los malos cuando son más que los buenos».
(Romancero)
La preocupación se transforma en aguda prevención que fácilmente discurre en una sensación de alarma, de interrogante que golpea tus sentidos buscando una respuesta ideal. Sin embargo, la dura realidad del pan duro y negro te quiebra los dientes y te sume en una profunda y, por qué no, amarga reflexión. ¡En qué mundo estamos, en el de la ficción o en el de la realidad? Y es esa última la que te produce escalofríos, sacudimientos y tentación de escribir, de volcar en negro sobre blanco tus pensamientos y, por qué no, temores de que realmente el mundo se revierta a hechos que en el pasado incubaron horas, días, años de horror para la humanidad.
Con sorpresa e indignación leímos la decisión del presidente francés Sarkozy de expulsar a los gitanos del territorio francés. Teníamos conocimiento de la oleada de discriminación racista en varios países europeos, tales como Inglaterra, Italia, España, donde cunde la burda identificación de los latinos como «cabecitas negras». Eso llevó a actos aislados, incluso crímenes, que son totalmente reprochables, pero ahora la gota desborda el vaso. ¿Qué noticias llegan de Alemania? Sí, la unificada, la que derribó el muro para unir al pueblo alemán en un país único, aunque vale la pena comentar, siempre se dijo que existía un «tufo» de desencanto hacia los alemanes del Este, considerándolos sino inferiores, de «menor clase». Ahora la primera ministra de Alemania, Angela Merkel afirma textual: «los inmigrantes son necesarios como mano de obra» pero «deben integrarse y adoptar la cultura y los valores alemanes», y luego «ha fracasado totalmente el modelo de sociedad multicultural germano».
A su vez exalta los valores «cristianos», eso sí, sin hacer autocrítica de los «valerosos» cruzados dirigidos por Federico Barbarroja hacia Jerusalén, con el fin de recuperar el Santo Grial, pero que la historia enseñó que el objetivo era el pillaje, el botín de guerra y sobre todo derribar el Imperio Bizantino, y así dominar las rutas marítimas y terrestres de Asia hacia occidente. ¡Santas Cruzadas en nombre de la cristiandad! así los templarios abrirían el camino para que Europa, la de antaño bárbara, se transformase en una potencia colonial más poderosa que el Imperio Romano, hasta que estamos asistiendo a su ocaso por sus propias guerras fratricidas, todas ellas tras un objetivo: dominar y colonizar el ayer mundo dependiente de Asia, Africa y América. Hasta que aparece su nuevo medio hermano, competidor feroz, y a veces ocasional socio: Estados Unidos de Norteamérica. Sé separar en el complejo mundo de las religiones, tendencias y objetivos, y en particular cuando ésta se pone al servicio del poder temporal. En el mundo de hoy, hay religiones evolucionadas y hay religiones estancadas en el tiempo, cuyo primitivismo me asombra y nos asombra, pero en última instancia han de ser los pueblos quienes procesen las necesarias evoluciones místicas necesariamente funcionales al desarrollo de la sociedad y, en particular, al proceso de revolución técnico científica que nos toca asistir y vivir en la época actual.
Pero que quede claro: nadie puede ser discriminado por sus hábitos religiosos, como tampoco por su manera de pensar. Negar el derecho a la particularidad religiosa nos acerca a la época negra de la humanidad, que va desde la caza de brujas, la inquisición, el macartismo, o el slogan levantado por el fascismo de la «sinarquía» internacional, comunistas, masones e iglesia progresista.
Y hay que recordar, necesariamente hay que recordar, que fue en Alemania donde empezó, con el nacionalismo exacerbado y xenófobo (dentro de poco se conmemorarán 72 años la Noche de los Cristales Rotos) es decir del horrendo y cruel rostro del nazismo.
«Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde». (Bertolt Brecht)