Los árabes que son voluntarios del servicio nacional civil israelí

07/Sep/2016

El Observador, Por Ana Jerozolimski

Los árabes que son voluntarios del servicio nacional civil israelí

Para la joven árabe Baraa Abed, de 20 años,
el voluntariado en el que está trabajando en Jerusalén es una fórmula ideal: se
ve beneficiada en lo personal y siente que expresa su lealtad a Israel. Para su
compañero A.H., de 21, que pide con una tímida sonrisa que no se publique su
nombre completo, el análisis es muy similar: «Me siento apreciado por lo
que hago, sé que ayudo a la gente y también estoy aportando al país y a mi
propio entorno».
Ambos son desde hace meses parte del
programa conocido como «sherut leumí», el servicio nacional civil en
el que ciudadanos israelíes o residentes permanentes –como es el caso de estos
dos jóvenes árabes de Jerusalén Este, la zona de mayor porcentaje de población
palestina de la ciudad– trabajan por uno o dos años en puestos en los que
ayudan a la comunidad en la que viven, reciben beneficios concretos a cambio y,
con ello, también refuerzan su propia integración.
Originalmente, este programa fue concebido
más que nada para servir de alternativa a las jóvenes judías ortodoxas que por
cuestiones vinculadas a sus costumbres optaban por no enrolarse al servicio
militar, que en Israel es obligatorio para mujeres y hombres.
Desde 2007 se ha comenzado a abrir la
puerta también a los árabes, aunque los promotores de la iniciativa eran
conscientes de la problemática con la que podrían tener que lidiar si radicales
atacaban la participación árabe por consideraciones nacionalistas.
El temor no era descabellado y el hecho de
que dos de los entrevistados pidieran no mostrar su rostro en cámara y uno de
ellos optara por autorizar a publicar únicamente sus iniciales lo comprueba.
Las represalias en su comunidad pueden ser feroces.
Cada vez más árabes
El número de voluntarios árabes va en
aumento. Hace seis años eran solamente 600 y hoy ya son 4.500, de un total de
17 mil participantes en el programa. Hay también 8.500 judíos del sector
conocido como «sionistas religiosos» y 1.500 de judíos
ultraortodoxos, entre otros sectores.
El 90% de los voluntarios árabes son
mujeres, principalmente musulmanas (70%), y el resto son drusos y cristianos.
La mayoría es del norte de Israel. En el sur hay 800 beduinos voluntarios.
El 85% cumple con distintos trabajos en el
marco de la propia comunidad árabe, sirviendo en la salud, educación y
bienestar social –entre otros–, por ejemplo en escuelas, jardines de infantes,
asistencia a ancianos, en centros de ayuda a jóvenes en situaciones de riesgo,
en hospitales, juzgados y en la Policía, donde a veces, al terminar el período
de voluntariado, son empleados con un salario como cualquier otro funcionario.
Sar Shalom Yerbi, director del programa,
explicó que «aún si trabajan fuera de su comunidad están aportando en su
propio marco, ya que si por ejemplo están de voluntarios en el hospital Rambam
de Haifa (una ciudad al noroeste de Israel), y allí le traducen a un anciano
árabe que no habla hebreo o a una enfermera judía que no sabe árabe, su
servicio es clave».
Baraa y A.H. se desempeñan como voluntarios
en el Ministerio del Interior de Israel, en la sucursal de Wadi Joz, en
Jerusalén Este, donde la prestación de servicios es casi exclusivamente a los
palestinos. El conocimiento tanto del hebreo como del árabe, que en el caso de
estos jóvenes es el idioma natal, es clave para poder ayudar especialmente a gente
mayor que necesita, por ejemplo, asistencia y traducción para completar
formularios y hacer trámites.
No todo es color de rosa
«Sabía que habría reservas de gente en
mi entorno, razón por la cual pocos de los míos saben que estoy participando
del Servicio Nacional. Pero decidí hacerlo, ya que quien me va a ayudar en la
vida no son los que me critican, sino el Estado; así que mejor aportar»,
señaló Abed.
En su caso, su propio esposo, ciudadano
árabe israelí, hizo el servicio militar como voluntario. «Se siente parte
del país, algo que, evidentemente, también incidió en mi decisión»,
añadió.
Yerbi admitió que «no todo es color de
rosa». El funcionario israelí recuerda que un diputado árabe en el
Parlamento llamó a estos voluntarios «leprosos» y que el jefe de un
Consejo Regional árabe echó a cuatro jóvenes cuando se enteró que estaban
haciendo el servicio nacional, sacándolas de su aldea. «No todos
reaccionan así, en absoluto», matiza. «Pero hay en el liderazgo
central de los árabes israelíes quienes se oponen al servicio nacional civil,
alegando que está relacionado al ejército», afirmó. Según Yerbi, eso no es
cierto.
En el «sherut leumí» no hay
uniformes ni armas, no se requiere servicio militar alguno y es totalmente
voluntario.
Los beneficios que obtienen los
participantes, en cambio, son iguales a los de los soldados en las Fuerzas de
Defensa de Israel. Reciben el mismo sueldo que los reclutas, algo simbólico que
alcanza para gastos muy básicos: 800 shekels por mes, algo más de US$ 200, y
pueden viajar gratis en el transporte público. Al finalizar el año de
voluntariado reciben una suma de aproximadamente US$ 3 mil. Y quien hizo dos
años tiene un primer año de estudios gratuito en un colegio universitario.
Hay además beneficios exclusivos para los
árabes –que no reciben los judíos– con becas de estudios preparatorios y
destinados a completar bachillerato, además de becas de manutención de entre
1.500 y 3.700 shekels por mes (entre US$ 400 y casi US$ 1.000), dependiendo de
la situación económica de la familia.
Tras analizar que una parte clave de toda
integración es el dominio del idioma, ya que incide en estudios y trabajo, el
propio servicio nacional civil decidió destinar 10 millones de shekels (algo
más de US$ 2,5 millones) a enseñar hebreo a aquellos voluntarios árabes que no
lo dominan y desean aprenderlo.
Según Yerbi, el 85% de los egresados del
plan consigue trabajo y estudia.