Linda Kohen: pintura sin adjetivos

23/Mar/2012

Texto: Juan Manuel Bonet. Imágenes gentileza de Linda Kohen cedidas a Copredi (CCIU)

Linda Kohen: pintura sin adjetivos

Itinerario vital en verdad ajetreado, el de Linda Olivetti de Kohen, más conocida por su nombre artístico, “Linda Kohen”, por el cual a partir de ahora la designaré: el Milán natal, Montevideo, Buenos Aires, Sâo Paulo, Montevideo nuevamente… Difícil siglo XX, siglo de siglas, siglo de totalitarismos, siglo de persecuciones, siglo de exilios. Contra viento y marea, ella ha sabido construir, sin embargo, un itinerario personal, con la pintura siempre, pintura de raíz autobiográfica, pintura sin adjetivos, pintura con cada vez menos adjetivos, como Norte. Itinerario que ahora se va a mostrar simultáneamente, en Buenos Aires, en Miami, en Montevideo, y en Sâo Paulo, en la Dan Galeria, para la cual escribo estas líneas, y cuya relación con la pintora data de los ya lejanos años ochenta.Nacida en 1924 en la ciudad italiana con la cual más se identificaba Stendhal –“Arrigo Beyle, milanese”-, Linda Kohen arribó al puerto de Buenos Aires con sus padres, en 1939. De ahí, al año siguiente, saltaron justo enfrente: a Montevideo. Huía la familia de las nuevas leyes raciales, de la persecución antijudía que el régimen fascista de Mussolini, hasta entonces tolerante al respecto, comenzaba a practicar a imitación de los nazis, persecución antijudía italiana que a los lectores de Giorgio Bassani les traerá a la memoria su impresionante ciclo La novela de Ferrara, así como la película de Vittorio de Sica inspirada en El jardín de los Fizzi-Contini, el más célebre de los libros que lo integran. Paradójicamente, las mismas circunstancias empujarían a las costas del Río de la Plata, también en 1939 –en su caso, a la inversa: primero Montevideo, luego Buenos Aires donde residiría largos años- a la propia Margherita Sarfatti, crítica de arte, fascista de la primera hora, ex-amante deMussolini, promotora de la pintura del Novecento…En su patria de adopción la adolescente trasterrada comenzó a estudiar los rudimentos del oficio de la pintura, una pintura que en Milán, y gracias a su padre, tenor y pintor “amateur”, y con el cual visitaba museos e iglesias en pos de la obra de maestros de antaño, había empezado a acariciar como vocación. Su primer maestro fue, en su estudio de la Plaza Independencia, Pierre Fossey, un pintor y dibujante francés afincado en Montevideo por amor. A Fossey lo conocemos los aficionados a los papeles antiguos, por sus simpáticos libros de acuarelas naturalistas sobre Buenos Aires, Punta del Este y la propia capital uruguaya, ciudad esta última cuyo ritmo tan peculiar supo captar, entre un cierto “vedutismo” que tiene la virtud de la precisión, y un mayor desenfado y estilización.El siguiente maestro de la aprendiza de pintora fue un hijo de inmigrantes italianos, Eduardo Vernazza, otro cronista menor de la vida urbana –el puerto, el candomblé tan caro al gran Pedro Figari- y sobre todo de la teatral, a la cual dedicó media vida, y varios álbumes, todo ello compatible con la crítica de arte en El Día, donde salieron la mayoría de sus viñetas teatrales, y en cuya redacción había ingresado en los años treinta, como cronista gráfico de sucesos. Más importante fue para Linda Kohen el siguiente paso, que a ella y a su marido, Rafael Kohen, nacido en Turquía, y con el cual se casó en 1946, los llevó, cruzando el Río de la Plata, al vecino Buenos Aires (1946-1948), y a ella, al estudio, en la Plaza Vicente López, de Horacio Butler, uno de los nombres relevantes de la generación argentina de los veinte, que al igual que otros miembros de la misma había vivido el París de entreguerras. Años de aprendizaje naturalista, con predominancia de retratos y bodegones. Como tantos pintores uruguayos de varias generaciones, Linda Kohen recibió luego, cuarto y último capítulo de esos años de formación, la decisiva impronta del Taller Torres-García (TTG), donde ingresó en 1949, es decir, el año mismo de la muerte de su fundador, al cual no llegó a tratar –todavía vivía, pero estaba muy enfermo y ya no iba por ahí-, y donde, por decirlo con sus propias palabras, reinaba una atmósfera “muy austera, muy especial […], como religiosa”. Ahí fueron importantes para ella las enseñanzas de Julio Uruguay Alpuy, que a sus alumnos les exigía un gran dominio del dibujo; de José Gurvich, hijo de inmigrantes lituanos, que siempre reflexionó mucho sobre sus raíces judías, y cuyo taller del Cerro, en las afueras de la capital, ella frecuentó; y de ese pintor secreto y estimable que fue Augusto Torres, hijo mayor del maestro.Ver el texto completo de Juan Manuel Bonet Curriculum VitaeNace en Milan, Italia en 1924.Se radica en Uruguay desde 1940, estudiando dibujo y pintura con Pierre Fossey ,Eduardo Vernazza y Horacio Butler en Buenos Aires. En 1949 se integra al Taller Torres Garcia al cual pertenece hasta su clausura, trabajando con Julio Alpuy y Jose Gurvich. En 1979 se radica en San Pablo donde vive hasta 1984 cuando retorna a Montevideo.Expone regularmente desde 1971 en múltiples  muestras individuales y colectivas, en Museos y Galerias de Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos e Italia.