Todo lo que queda de la Judería es un tramo
de calle donde una muralla separaba la zona semita de los cristianos. Ahora sus
restos se esconden entre otros edificios emblemáticos de la ciudad
Escuchar la palabra call a día de hoy es,
cuanto menos, improbable. De hecho, aunque algún nostálgico se aventurase a
emplearla, casi con total seguridad que no recibiría ninguna reacción de sus
interlocutores más allá de la incomprensión. Puede que el término haya quedado
desfasado y perdido todo su significado para el rango generacional que habita
ahora en Valencia; pero no su historia. La expresión era la denominación
valenciana para el barrio de la ciudad donde habitaban los judíos, que se
extendía entre las inmediaciones de la calle del Mar y la calle de la Paz,
ahora en el distrito de Ciutat Vella.
Que Valencia tuvo una Judería no es nada
nuevo, pero -quizás- para muchos sí que será novedad descubrir que un trozo de
esta sigue presente, oculto entre las calles y edificios del pleno centro de la
ciudad. En el interior de un patio de manzana al que solo tienen acceso las
fincas colindantes, resiste un pequeño pedazo de historia resguardado de la
Valencia actual, atrapado entre otros edificios históricos: el Palacio de los
Valeriola y la Iglesia de San Juan del Hospital. La antigua calle Cristófol
Soler era la muralla que delimitaba el (por entonces) barrio judío, y las
ruinas de uno de sus tramos siguen desafiando al tiempo ante el desconocimiento
de la mayoría de los valencianos. Ahora se esconde entre las actuales calle del
Mar y calle del Milagro, pero en el siglo XIII comenzaba en la plaza de la
Congregación, seguía por la Çabatería y finalizaba en la calle de las
Avellanas.
El tramo ponía fin a la zona judía, que
estuvo en Valencia desde el siglo XIII, detrás de la plaza de la Reina. Pasear
por la calle del Mar en la época de Jaime I era pisar el pleno centro de la
zona judía, donde se ubicaban los puntos clave del barrio: la sinagoga (que era
el núcleo administrativo además del religioso), los baños judíos o la
carnicería. El periodo de esplendor del barrio terminó en 1391, pero hasta
entonces, la zona se fue extendiendo por el callejero valenciano.
La Valencia judía en la urbe actual
Para descubrir la Valencia judía debemos
recurrir más a la imaginación que a pruebas, pero resquicios como estos muros
casi derruidos de lo que fue una calle-muralla del barrio permiten conocer un
poco más sobre una de las zonas culturales más desconocidas e interesantes de
la ciudad. Aunque a día de hoy cuesta identificar el callejero en la época
hebrea, el pequeño retazo de su existencia que se aprecia entre las actuales
construcciones de la urbe valenciana ayuda a ubicar mejor su distribución.
En la plaza de la Figuera se encontraba la
puerta principal para pasar a la amurallada parte judía, que en 1240 se
extendía por la calle de Cristófol Soler, donde se encontraba el acceso de
Portal Nou. La muralla seguía por el Portal de la Xerea y Portal de Cabrerots,
hasta cerrar de nuevo la zona en la plaza de la Figuera. Esta era la zona
neurálgica del barrio judío, que con la ampliación de 1390 extendió sus límites
y sumó el Portal de la Çabatería y el Portal en Esplugues. Fue en esta nueva
parte del barrio donde se estableció el zoco, por la actual plaza Margarita
Valldaura. Era el principal punto comercial, dedicado a la venta de artículos
de lujo y al préstamo, y en el que vivían los judíos dedicados a la artesanía.
La Judería valenciana tenía también calles
estrechas, como en otros barrios de la ciudad, y se cree que contaban con
bóvedas perforadas que contribuían a dar al área un toque lóbrego acentuado por
alguna que otra calle sin salida. Los restos del tramo de Cristófol Soler,
colindantes al patio interior del Palacio de los Valeriola, prueban la reducida
amplitud característica del barrio y también la dejadez con la que se trata
parte del patrimonio histórico valenciano. Ruinas escondidas y tapias de madera
son ahora todo lo que queda del área semita en Valencia.
¿Por qué una muralla?
Durante el dominio árabe anterior a la
conquista de Jaime I ya existía una judería o zona separada para diferenciar a
la comunidad hebrea de los musulmanes. Los judíos celebraron la entrada del
Conquistador a la ciudad ante la expulsión musulmana y el nuevo gobernante les
cedió un barrio del territorio como muestra de agradecimiento a su apoyo, que
habían demostrado durante toda la contienda. El rechazo de la población
cristiana hacia el call y el pueblo judío se fue polarizando: los muros de la
Judería contenían cada vez mayor hostilidad entre estas comunidades religiosas,
hasta que la tensión terminó estallando en un conflicto que se extendió por
todo el país.
El crudo desenlace del fanatismo antisemita
El barrio judío creció a la par que la
aversión del resto de población por sus habitantes, y acabó viviendo el primer
ataque a esta comunidad dentro del Reino de Aragón, el 9 de julio de 1391. Una
expansión fugaz que apenas duró un año. Las lindes judías se habían extendido
hasta el portal de Xerea, con sus límites en la calle Cristófol Soler y el
Portal de Çabateria, cuando un grupo radical marcó el barrio con 200 asesinatos
y bautizos a la fuerza. El característico fervor valenciano acabó aflorando y
llevó al despertar de un conflicto religioso que se extendió a nivel nacional y
que acabó en 1492 con la expulsión por decreto de miles de judíos en toda
España. Rates de faraó fue la despectiva denominación con la que se
identificaban los judíos conversos (por obligación) que permanecieron en
territorio valenciano.
El antisemitismo ganó la
batalla y el barrio judío fue progresivamente perdiendo importancia, hasta
acabar remodelado e irreconocible, relegado a un olvido que sabe a cargo de
conciencia histórica.
Las ruinas ocultas del barrio judío de Valencia
01/Ago/2018
Las Provincias, España- por Tamara Villena