Las raíces del mal

09/Sep/2011

La Vanguardia, Pilar Rahola

Las raíces del mal

OPINIÓN Se trata de dinero, muchísimo dinero dedicado a proyectar en Occidente una mirada radical del islam
09/09/2011
PILAR RAHOLA
Hace poco que adquirí el libro de Fawaz A. Gerges The far enemy: why jihad went global, pero hasta que acabe el Nomad de Ayaan Hirsi Ali no lo leeré. Pero reconozco que llego a él con algunas prevenciones, porque las tesis que Gerges plantea en los artículos que le he leído –algunos en La Vanguardia– me resultan tan llenas de datos como simples de análisis. Y no porque le falte razón al profesor de la London School en valorar el efecto bumerán que tienen las acciones militares occidentales en el cerebro de los militantes islamistas, sino porque reduce las raíces del yihadismo a una simple acción Occidente reacción islam. En línea con el simplismo de muchos análisis de la izquierda más cerril –que por suerte no es toda la izquierda–, Gerges achaca el radicalismo de los militantes «endógenos» (es decir, educados en Occidente) a la rabia que les producen las acciones militares occidentales en Iraq o Afganistán, o más recientemente en Pakistán. Por supuesto, coincido con Gerges en que Pakistán es la madre de todos los problemas, y que es en ese gran país donde se cuecen algunas de las organizaciones y las ideas más radicales de este fenómeno totalitario. Y no olvidemos que Bin Laden, responsable de miles de muertos, vivía felizmente allí, probablemente gracias a la enorme infiltración radical en los servicios de inteligencia de ese país amigo.
Tampoco sobra recordar que las detenciones policiales de islamistas en Barcelona han sido mayoritariamente de ciudadanos provenientes de ese país. Pero considerar que la ideología totalitaria islamista y su derivada yihadista es consecuencia de Bush o de Blair o actualmente de Obama es reducir el fenómeno a las tesis cómodas que abundan en algunas universidades europeas (Inglaterra a la cabeza) y que conforman el catecismo de la izquierda antiamericana más clásica. Sin embargo, la realidad no es una suma y resta infantil, sino un logaritmo que implica miles de petrodólares dedicados a financiar imanes radicales, centenares de mezquitas en Occidente donde se difunde el odio a la modernidad, decenas de miles de madrazas coránicas (en Pakistán más de cien mil) donde los niños se radicalizan hasta el punto de odiar los valores de la libertad. Se trata de dinero, mucho dinero, muchísimo dinero dedicado a proyectar, en Occidente, una mirada radical del islam. Y considerar que esos millones de petrodólares, que no se usan para potenciar las ciencias, o la cultura o la libertad de las gentes, sino para fanatizar, no están en la base de la radicalización de miles de personas es mirar la realidad con un solo ojo. Que no se equivoque Gerges. Puede que Occidente lo haga todo mal, y seguro que tiene muchas culpas. Pero las raíces de este mal totalitario que acecha en las esquinas de muchas mezquitas europeas no nace de las maldades occidentales. Debería usted mirar un poco más lejos.