Las palabras importan

28/Nov/2012

El País, Uruguay, Editorial

Las palabras importan

El reciente acuerdo de cese del fuego entre Israel y el grupo palestino Hamas, por el control en Gaza, puso fin, o por lo menos congeló, una crisis que amenazaba extenderse con consecuencias incalculables.
Es importante tener presente la geografía del conflicto: Gaza es una pequeña franja de territorio autónomo, sobre el Mediterráneo, limitando con Egipto e Israel. Tiene aproximadamente 41 km de longitud, 12 km de profundidad, y una población de 1,7 millones de habitantes. Hoy es el feudo de Hamas, el Movimiento de Resistencia Palestino, partidario del Jihad y de la creación de un Estado islámico que englobaría el territorio de la antigua Palestina, incluyendo a Israel.
La crisis comenzó con una serie de ataques con misiles y morteros lanzados por Hamas, desde Gaza, contra el territorio israelí. En respuesta, Israel atacó objetivos en Gaza. Como sucede en estos conflictos el resultado fue una importante cantidad de bajas civiles. Según la información suministrada por las Naciones Unidas, en Gaza murieron 139 palestinos, más de 70 de ellos civiles, y resultaron heridos más de 900. Los misiles Fajr-5 utilizados por Hamas, fabricados con tecnología suministrada por Irán, tienen poca precisión, son más adecuados para atacar amplias zonas urbanas. Las defensas israelíes atenuaron considerablemente el impacto de la ofensiva de Hamas, pero desde el 14 de noviembre murieron cuatro civiles y 219 resultaron heridos. También murió un soldado y 16 fueron heridos.
El gobierno de Israel considera que su estrategia ha sido exitosa porque consiguió un acuerdo para terminar con las hostilidades contra su territorio sin que hubiese sido necesario que sus tanques e infantería entrasen en Gaza, con sus zonas densamente pobladas. Entretanto, Hamas, en su fanatismo, y a pesar de la destrucción de sus instalaciones, y de edificios comunes y de la cantidad de civiles muertos y heridos, celebra lo que considera una victoria.
¿Cuánto tiempo durará esta tregua? El Secretario General de las Naciones Unidas dijo que la reciente crisis subraya el hecho de que el estatus actual no es sustentable y que es necesario encontrar soluciones de largo plazo para la franja de Gaza y para los palestinos en su conjunto. La pregunta es si ese objetivo puede conseguirse con organizaciones fundamentalistas como Hamas, cuyo objetivo declarado es el extermino de Israel.
La crisis forma parte de una situación más general, que incluye, como en círculos concéntricos, a las relaciones entre Israel y los palestinos en Gaza y en Cisjordania, luego con sus vecinos árabes y, ahora con actores más distantes, como Irán. Esta situación, con sus distantes orígenes históricos, ha quedado atrapada dentro del conflicto más amplio en el Medio Oriente, entre los Estados árabes más moderados y el radicalismo iraní. No es una ecuación fácil de resolver.
Por ese motivo, para los demás países lo más sensato es actuar con prudencia, insistir en el camino de la diplomacia y procurar limitar y remediar el daño que causan los episodios de hostilidades. Como señaló la Senadora Xavier, presidenta del Frente Amplio, es deseable «que el repudio sobre los hechos graves que estamos viviendo, no nos enrole como `hinchas` de determinadas posturas con escasa tolerancia sobre otras, promoviendo un debate de tono totalmente inadecuado para alcanzar una construcción pacífica.»
Lamentablemente, la declaración del Frente Amplio sobre los sucesos en Gaza (aunque representó un avance respecto de las elementales proclamas del MPP) no siguió tan sabio consejo.
La declaración condena, textualmente, «la agresión y escalada militar del gobierno israelí y rechaza los lanzamien-tos de cohetes desde Gaza al territorio israelí». Es una redacción poco feliz, por varios motivos. Porque en un caso «rechaza» y en el otro «condena»; un matiz significativo. Porque invierte el orden de los acontecimientos: la verdad es que primero fue la agresión de Hamas, con misiles, desde la franja de Gaza, contra Israel; la respuesta de Israel se produjo después (al revés de lo que insinúa la declaración).Y porque lo que hizo Israel no puede ser considerado como una agresión, sino como un legítimo ejercicio de su derecho de defensa contra lo que sí fue una agresión desde Gaza, para poner fin a esos ataques contra su territorio.