La verdad sobre Gaza

24/Jul/2014

Por Israel, Charles Krauthammer

La verdad sobre Gaza

Israel aceptó un cese al
fuego propuesto por Egipto; Hamás sigue disparando. Hamás deliberadamente
apunta sus cohetes hacia civiles; Israel cuidadosamente intenta protegerlos,
llamando a los civiles en el área y arrojando panfletos advirtiendo de los
ataques.

“Esta es la diferencia
entre nosotros y ellos”, explica el Primer Ministro israelí. “Nosotros
utilizamos un sistema de misiles para proteger a nuestros civiles, y ellos
utilizan a sus civiles para proteger sus misiles”.

La política internacional
rara vez presenta un momento de tanta claridad moral. Y sin embargo, seguimos
escuchando a diario que el conflicto entre Israel y Gaza es descrito como un
“ciclo de violencia” moralmente equivalente. Esto es absurdo. ¿Qué interés
podría tener Israel en una lucha transfronteriza? Todos saben que Hamás partió
esta guerra. Y todos conocen la declarada razón de ser de Hamás: Erradicar a
Israel y a los judíos.

Los defensores de Hamás
atribuyen esta sed de sangre a la ocupación israelí y al bloqueo. ¿Ocupación?
No hay ningún soldado, colono o israelí en Gaza. ¿Nadie recuerda los hechos?
Fue hace menos de 10 años que la televisión mostró en todas partes del mundo al
ejército israelí sacando a la fuerza a los acérrimos colonos de los techos de
sus sinagogas en Gaza mientras Israel desmantelaba sus asentamientos, expulsaba
a sus ciudadanos, retiraba a sus soldados y le entregaba cada centímetro de
tierra de la Franja a los palestinos.

No había bloqueo. Por el
contrario. Israel quería que este estado palestino tuviera éxito. Para ayudar a
la economía de Gaza, Israel les dio a los palestinos los 3.000 invernaderos de
la zona que producían frutas y flores de exportación. Abrieron los pasos
fronterizos y fomentaron el comercio.

Toda la idea era
establecer el modelo para dos estados que conviven pacíficamente y
productivamente uno al lado del otro. Nadie parece recordar que simultáneamente
con la retirada de Gaza, Israel desmanteló cuatro asentamientos en el norte de
Cisjordania, enviando una clara señal de su deseo de dejar también Cisjordania
y alcanzar de esta forma una amistosa solución de dos estados.

¿Y qué hicieron los
palestinos de Gaza con lo que les dio Israel, lo cual no les había dado ningún
gobernante previo, ni egipcio, ni británico, ni turco: un territorio
independiente? Primero, demolieron los invernaderos. Luego, eligieron a Hamás.
Y después, en lugar de construir un estado con sus debidas instituciones
económicas y políticas, pasaron la mayoría de la última década transformando a
Gaza en una gran base militar, rebosante de armas de terror, para luchar una
incesante guerra en contra de Israel.

¿Dónde están las calles,
los trenes, las industrias y la infraestructura del nuevo estado palestino? En
ninguna parte. En lugar de eso, construyeron kilómetros y kilómetros de túneles
subterráneos para esconder sus armas y —cuando las cosas se ponen difíciles— a
sus comandantes militares. Gastaron millones en importar y producir misiles,
lanzadores, morteros, armamentos e inclusos vehículos no tripulados.
Deliberadamente los escondieron en escuelas, hospitales, mezquitas y hogares
privados para dejar expuestos a sus propios civiles, y desde donde podrían
disparar misiles a Jerusalem y Tel Aviv.

¿Por qué? Los misiles ni
siquiera pueden causar un daño severo, dado que son continuamente interceptados
por el sistema antimisiles de Israel Cúpula de Hierro. Incluso el líder
palestino de Cisjordania, Mahmoud Abbas, ha preguntado: “¿Qué están tratando de
lograr disparando misiles?”.

No tiene sentido. A menos
que entiendas, como explicó una nota editorial del periódico Washington Post,
que todo el objetivo es atraer el contrafuego israelí.

Esto produce muertes de
palestinos para la televisión internacional. Y es por eso que Hamás
perversamente le pide a su propia gente que no vayan a lugares seguros cuando
Israel lanza panfletos advirtiendo sobre un inminente ataque.

Pelear una guerra de una
forma en la que buscas deliberadamente que tu propia gente sea asesinada para
difundir la imagen al mundo es demencia moral y táctica. Pero se basa en una
premisa sumamente racional: Dado el estado Orwelliano del tratamiento que le da
el mundo a Israel, el que es alimentado por una mezcla de antisemitismo
clásico, ignorancia histórica y simpatía por el aparentemente más débil y
tercermundista integrante del conflicto, estas imágenes de víctimas palestinas
finalmente logran su cometido de socavar la legitimidad de Israel y su derecho
de autodefensa.

En un mundo de ética tan
Kafkiana, la depravación de Hamás comienza a tener sentido. Este es un mundo en
el cual la masacre de Munich es una película y el asesinato de Klinghoffer es
una ópera, siendo ambas altamente empáticas con los asesinos. Este es un mundo
en el cual la ONU ignora a los mayores criminales de guerra del mundo mientras
condena incesantemente a Israel, un estado que ha sido atacado por 66 años y
que de todas formas ha hecho lo imposible por evitar dañar a los inocentes que
sus enemigos usan como escudos humanos.

Es un gran logro para
Israel que a pesar de toda esta locura no hayan perdido sus escrúpulos morales.
O su coraje. Por lo tanto, los que están afuera de la región tienen la mínima
obligación de exponer esta locura y esparcir la verdad. Ya que rara vez ha sido
tan clara.

Esta editorial apareció
originalmente en el periódico Washington Post.