Las nuevas iniciativas diplomáticas para alcanzar un alto el fuego en Gaza parecen, según Eduardo Kohn, desconocer una realidad que los propios dirigentes de Hamás se encargan de confirmar: su negativa a abandonar sus objetivos contra Israel.
Hace una semana, el grupo técnico-diplomático llamado Consejo de Paz, encargado de lograr alto al fuego en Gaza, desarme de Hamas, retiro de Israel de la frontera, considerando que en muchos meses todos los pasos en esa dirección fueron hacia atrás, tuvo una eventual nueva idea y al final, difundió una hoja de ruta con los mismos objetivos. Por si fuera poco, se olvidaron de la realidad.
Casi al mismo tiempo, Ghazi Hamad, hoy vocero de Hamas participaba del programa “Sin censura” del periodista inglés Piers Morgan, y allí Hamad dijo, entre otras cosas, que Hamás “nunca comete crímenes” y que “nunca mata civiles”. Consultado sobre los cientos de civiles asesinados en el festival de música Nova y en los ataques realizados casa por casa en las comunidades cercanas a Gaza, respondió que “quizás ocurrieron algunos errores”. El periodista también le preguntó por la familia Bibas, cuyos bebés fueron secuestrados junto a la madre y descuartizados en Gaza. Hamad respondió que su organización condicionaba cualquier acuerdo a la liberación de miles de presos palestinos y al fin de la guerra. Morgan cuestionó a Hamad sobre la masacre en el festival Nova, y Hamad respondió que eso “no estaba en el plan”. Hamad fue consultado sobre el acuerdo impulsado por mediadores internacionales y contestó que Hamás aceptó la propuesta debido a la difícil situación que atraviesa Gaza, y agregó que la “mentalidad” de la organización no ha cambiado.
Lo que Hamad llama “mentalidad”, él lo explicó sin tapujos el 24 de octubre de 2023, muy poco después de la masacre del 7/10, en la cadena de televisión libanesa LBC. Sobre Israel: “Israel es un país que no tiene cabida en nuestra tierra. Debemos eliminar ese país, porque constituye una catástrofe de seguridad, militar y política para la nación árabe e islámica, y hay que acabar con él. No nos avergüenza decirlo con toda contundencia.” Sobre los llamados mártires dijo: “Debemos dar una lección a Israel, y lo haremos una y otra vez. El Diluvio de Al-Aqsa es solo la primera vez, y habrá una segunda, una tercera, una cuarta, porque tenemos la determinación, la firmeza y la capacidad para luchar. ¿Tendremos que pagar un precio? Sí, y estamos dispuestos a pagarlo y estamos orgullosos de sacrificar mártires.” Sobre las matanzas del 7/10: “No queríamos hacer daño a civiles, pero hubo complicaciones sobre el terreno, porque había una parte en la zona, con población civil”. El medio libanés no le preguntó si los asistentes al concierto y los habitantes de los kibutz arrasados eran o no civiles para él.
Sobre la aniquilación de Israel: “La ocupación debe llegar a su fin”. El presentador libanés se atrevió a preguntarle: “¿Ocupación dónde? ¿En la Franja de Gaza?” Hamad respondió: “No, hablo de todas las tierras palestinas”. “¿Significa eso la aniquilación de Israel?” “Sí, por supuesto.” “La existencia de Israel es ilógica y punto. Por lo tanto, nadie debería culparnos por las cosas que hacemos. El 7 de octubre, el 10 de octubre, el 1.000.000 de octubre… todo lo que hacemos está justificado”.
En el manifiesto fundacional de Hamás, que se creó en 1988, ya aparecen desarrolladas estas ideas. “Israel existirá y seguirá existiendo solo hasta que el islam lo destruya, como destruyó a otros antes que él”, dice uno de sus artículos. El objetivo del grupo terrorista es el exterminio de la población judía.
La carta fundacional de Hamas que sigue y seguirá siempre vigente se sustenta en teorías de conspiraciones antisemitas (como los Protocolos de los Sabios de Sion) y no solo ataca a los judíos de Israel. “Con su dinero, los judíos se hicieron con el control de los medios de comunicación mundiales, las agencias de noticias, la prensa, las editoriales, las emisoras, estuvieron detrás de la Revolución Francesa, la revolución comunista y la mayoría de las revoluciones de las que oímos hablar, aquí y allá”. Y la carta de Hamas agrega lo que Hamad dijo en 2023 y ahora, amplificó con el respaldo de saber que no sólo habla en nombre de los dirigentes escondidos en Qatar, de la mayoría de los palestinos, sino también de sus mentores Irán y Qatar. Hamas sostiene en su carta, mal que le pese a la imaginación de tecnócratas y potencias que sólo miran sus intereses que: “No hay solución para la cuestión palestina si no es a través de la Yihad. Las iniciativas, propuestas y conferencias internacionales son todas unas pérdidas de tiempo y esfuerzos vanos.”
Lo que dice Hamas y lo que tiene escrito como mandato puede dejar perplejo a cualquier analista medianamente serio cuando ve que se anuncia su desarme y la entrega del poder que arrebató a la Autoridad Palestina a través de un sangriento golpe de estado en 2007, hace casi dos décadas. Sin embargo, hemos leído esta semana decenas de comentarios en medios europeos y de Estados Unidos, sobre lo que llaman “proceso de paz entre Israel y Hamas”. Veamos hacia dónde quieren realmente dirigirse los nuevos 15 puntos anunciados, que no olvidemos sustituyen a los 20 puntos de un plan anterior que murió antes de nacer. Si quieren un desarme total de un grupo terrorista que no está dispuesto a llegar a eso, es sólo ilusión.
El Consejo de Paz está pasando por encima de varias realidades. El 80% de la población israelí cree firmemente que Hamas seguirá siendo una amenaza potencialmente letal hasta que sea completamente desarmado y despojado de cualquier vestigio de poder. Asimismo, creen que, si Hamas pudiera repetir el 7/10, lo haría sin dudar un instante. El Consejo no tiene en cuenta, además que declaraciones como las de Hamad esta misma semana, no son un juego periodístico sino una amenaza firme.
El Consejo no está evaluando con realismo que Israel y Estados Unidos están en campaña electoral y cada jefe de gobierno necesita darles seguridad a sus electores. Una de las diferencias entre Israel y Estados Unidos estriba en que en Israel no hay disputa electoral sobre los puntos básicos de seguridad de la nación, y ningún candidato con posibilidades de victoria va a ceder un palmo a un grupo terrorista que miente por convicción ideológica y religiosa y que no sólo no va a desarmarse 100%, sino que sólo espera cuándo y cómo atacar en medio de algo que sería una tregua frágil. Estados Unidos necesita victorias claras. No las tiene. Especialmente con Irán. Y las encuestas están demostrando el enojo de los votantes. Por otra parte, como las elecciones americanas son parlamentarias y de medio tiempo, también importa ver, como consecuencia de la situación en Medio Oriente, la forma por la cual políticos del partido Demócrata ganan sus primarias con discursos ya no solo anti-Israel sino descaradamente antisemitas.
Como muestra basta el ejemplo de esta misma semana cuando Abdul El-Sayed ganó la primaria demócrata para el Senado en Michigan. En el debate contra su última oponente, Haley Stevens no solo la atacó, presentándola como una marioneta del grupo de poder del partido, sino que describió su campaña como una manifestación de una conspiración judía para comprar elecciones estadounidenses en beneficio de Israel.
Las presuntas concesiones hechas por Hamas al Consejo de Paz están vinculadas a que Israel acepte replegarse dentro de Gaza. Israel ha insistido públicamente en que el desarme total de Hamás es una condición previa para cualquier retirada. Analistas europeos sostienen que un acuerdo gradual, paso a paso, que comience con medidas pequeñas y vaya generando confianza, tendría posibilidades de funcionar. Confianza es imposible, los hechos y los dichos públicos lo prueban a cada instante. Apenas mantener el proceso en marcha requeriría desde el Consejo de Paz un compromiso diplomático sostenido. Si cuando anuncian un paso quizás hacia adelante, tal cual sucedió esta semana, sale pública y rápidamente el vocero terrorista a recordar que para Hamas Israel no puede existir, lo único que hoy deberían intentar hacer es enfrentarse a la realidad y terminar con presuntas buenas intenciones que más bien parecen fantasías.
Pero, además, las presuntas buenas intenciones, ¿dónde están?. Un Consejo de Paz con Qatar y Turquía entre sus miembros es una garantía de fracaso. Todo el espectro político israelí sabe lo que significa Qatar, y en este caso, más bien, lo que no significa. Además de las permanentes diatribas antisemitas de Erdogan y su apoyo a Hamas, hace un mes el ministro de Justicia turco Mustafa Çiftçi declaró: “Así como hemos visto la liberación de Damasco, Alepo y Karabaj, con la ayuda de Alá, llegará el día en que veremos liberada Jerusalem”. El Consejo de Paz imagina que Israel puede convivir con un grupo terrorista. La exigencia es ridícula porque no está centrada en la realidad. Ningún estado convive con un grupo terrorista al lado, pronto a destruirlo. Israel tampoco lo va a hacer. Si el Consejo de Paz no lo quiere ver, seguirá sumando fracasos