La prensa pandereta

26/Ago/2014

Infobae, George Chaya

La prensa pandereta

Muchos israelíes y
palestinos han buscado la paz durante generaciones. Esto ha sido -y sigue
siendo- el sueño al que nadie ha renunciado. Un sueño que se ha ido renovando
cíclicamente en el escenario donde hoy se vislumbra con angustia lo que deparará
el futuro. Para los creyentes de las tres religiones monoteístas (judíos,
cristianos y musulmanes), la hoguera de violencia que no cesa representa un
aspecto dramático. Sin embargo, es algo peor que eso. A mi juicio lo definiría
en una sola palabra: “fracaso”.

¿Por qué hablo de
fracaso? Porque una vez más el grupo islamista Hamas equivocó su estrategia y
reincidió en el error como en los últimos once años. Sus golpes y amagues
-militares- al estado hebreo no significaron ni un solo paso positivo en la
mejora de la vida de su pueblo. Al mismo tiempo, Israel erró -políticamente- apostando
a la ecuación “tierras por paz” al retirarse de Gaza en 2005. Esta maniobra
unilateral israelí tampoco dio tranquilidad a miles de sus ciudadanos que
comenzaron a recibir misiles a diario. Los fundamentalistas leyeron el gesto
israelí como signo de debilidad. Hoy, ambas dirigencias y los dos pueblos,
están pagando esos errores.

Lo que se percibía como
desenlace finalmente ocurrió. Se ha vuelto a romper el cese al fuego. Hamas
disparo 40 cohetes a poblados y ciudades israelíes e Israel bombardeó nuevamente
el enclave para neutralizar objetivos militares de Hamas. Destruyo depósitos de
armamento y munición y estaciones operativas de lanzamiento de misiles, muchos
de ellos aledaños a escuelas, hospitales y mezquitas.

Las armas vienen hablando
desde varias semanas y con ello se reaviva el proceso de asunción de
culpabilidad histórica más o menos avanzado en varios países europeos. Este
proceso residual, psico-culposo y antisemita se ha visto acompañado a gran
escala desde la prensa, cuya información -ambigua en la universalidad del
conflicto palestino israelí-, parece ignorar intencionalmente las
circunstancias específicas como las particularidades de sus motivos.

No han sido pocos los
medios que, presurosamente -como en 2008 durante la Operación Plomo Fundido-,
mostraron sus posiciones sesgadas. Ejemplo de ello son los cientos de artículos
que se pueden leer en varios periódicos, muchos de ellos escritos por
ecologistas y defensores de los derechos humanos, que no son más que
“activistas de la plumilla y pacifistas del caviar” que califican los hechos
como un genocidio palestino. Sin embargo, ignoran sin sonrojarse el terrorismo
de Hamas y sus lanzamientos de cohetes sobre población civil israelí en los
días, meses y años previos. También soslayan el disparador de esta nueva
crisis: el secuestro y brutal asesinato de tres adolescentes israelíes.

Lo concreto es que en
tales posiciones informativas parciales, subjetivas y racistas pueden
observarse patrones que despliegan viejas y conocidas posiciones antisemitas,
hoy encubiertas en el anti-sionismo. Lo cual representa, en esencia, una nueva
desilusión que la prensa ideológica sesgada disemina a los lectores que muchas
veces la reciben de buena fe.

La obsesión con Israel y
su conflicto con los palestinos hace que se llegue afirmar que el Estado
israelí representa “el nuevo nazismo” o en el más morigerado de los casos, que
es la Sudáfrica del apartheid, por lo que juzgo innecesario más ejemplos ante
semejante discurso que engloba un inequívoco y completo “wishfull thinking”.

En el desarrollo de las
acciones militares, cada día es más claro que estas posiciones de la prensa
pretenden aliviar el peso de “la culpabilidad” de distintas historias
nacionales de países europeos que jamás afrontaron su responsabilidad durante
la era del nazismo.

La liviandad en la
utilización del término pretende mostrar que cualquiera puede jugar “el rol de
nazi”, y con ello, “la responsabilidad será siempre un demerito moral
irrebatible”. Después de todo, estos roles se van alternando casi
aleatoriamente para muchos medios de prensa que temen perder beneficios
económicos reportados por su amistad con compañías petroleras árabes.

Tampoco faltó en los
últimos días la siempre dispuesta y sesgada opinión de manifestaciones de gran
parte de la izquierda europea y latinoamericana que, unida al colectivo -a
menudo utilitario- de las víctimas, siempre que no pertenezcan a lo que
consideran sus enemigos y, en lo que configura su conocido, aburrido y
reiterado ejercicio de hipocresía universal, muestra su desprecio por la vida
humana. Y es allí donde los campeones de los derechos humanos miden los
muertos: según sea el arma que los mata, y a mayor numero de víctimas mejor
para el aquelarre verbal de sangre y muerte que desatan histéricamente.

Lo descripto no debe
llamar la atención. Existe una tendencia de grandes sectores de la izquierda a
reconocer de manera simplificada a naciones o pueblos como únicos actores
reales en conflictos y situaciones políticas fuera de todo matiz y
diferenciación interna. Así, sustentan sus discursos en posiciones que abrevan
en una profunda ignorancia de la realidad.

Gran parte de la
izquierda apoya la lucha contra Israel en términos resistencialistas y rotula
como pueblo oprimido al pueblo palestino. Sin embargo, también lo hace por
carencia de conocimientos sobre el conflicto y una dosis clara de
antisemitismo.

Todos estos grupos se
convierten en instrumentos psicológicos de “alivio de la culpa”, algunos de
forma consciente y otros desde la ignorancia. Pero siempre prestos a calificar
“la nazificación” de Israel insuflan esa idea con alta carga emocional casi
hasta el paroxismo. Sin embargo, lejos de favorecer al pueblo Palestino, esto
los delata en la irracionalidad de la ideología que profesan y da por tierra con
cualquier postulado que pretendan esgrimir. Así, acaban apoyando a la ideología
de la muerte y el oscurantismo que caracteriza al terrorismo yihadista que
somete a los propios palestinos como sus primeras víctimas en su lucha contra
lo que denominan el enemigo sionista.

De allí que estos días
son importantes. La opinión pública debe interiorizarse, leer, investigar y
procesar la información que está recibiendo. Sin tener en cuenta estos aspectos
del “neo-antisemismo yihadista” que se apoya en varios sectores de Occidente,
el combate contra el terrorismo que utiliza -y somete- a gran parte del pueblo
palestino, mantendrá graves e insalvables insuficiencias.

Lo cierto es que la lucha
de Israel contra el terrorismo es una circunstancia inevitable. Ella se debe
interpretar apropiadamente teniendo en cuenta la continua transformación de las
acciones del terror hacia formas innovadoras, oportunistas y hasta menos
obvias. Esta es la responsabilidad que los medios de prensa internacionales
deben respetar y rescatar en defensa de lo ético. Es también el aspecto sobre
el que la opinión pública debe estar atenta, sin permitir que se la engañe con
información sesgada.

Israel está luchando para
proteger a sus ciudadanos y por su supervivencia misma como en todas y cada una
de sus guerras libradas en los últimos 65 años. Pero por sobre todo simboliza
la primera línea de batalla en defensa de la cultura occidental y
judeo-cristiana contra el avance de la sin razón y la violencia. Muchos lo
saben en la dirigencia política occidental. Por caso, el ministro de Relaciones
Exteriores egipcio condenó a Hamas por el abandono del cese del fuego e instó
al grupo a que de inmediato cese los ataques con cohetes contra la población
civil israelí, pues ellos dan lugar a las terribles respuestas militares
israelíes.

La comunidad
internacional expresó también su preocupación por la situación en Gaza y pidió
durante los últimos días a las facciones palestinas poner fin a los ataques con
cohetes sobre pueblos y ciudades de Israel. Lo propio hizo el Papa Francisco y
el Presidente Francés Hollande en la última semana.

Para quienes no conocen
el escenario, la región y las dificultades de una democracia rodeada de
regímenes muy distintos en valores culturales; la comprensión puede ser
maniquea, cuando no superficial y errónea. Sin embargo, la realidad y la
cuestión de fondo son más complejas. En consecuencia, la genuina lucha contra
el terror no debe focalizarse exclusivamente en las acciones militares. Debe
ser sustentada por información fidedigna y realista, y no apoyada en la
ideología del odio a la modernidad que Israel encarna en la región solo por la
cercanía de las relaciones del Estado hebreo con EE.UU. Relacionar aspectos
relativos a la globalización y al capitalismo como pretende la izquierda es tan
absurdo como inverosímil a los ojos de las personas de buena voluntad y de paz.
Es algo tan cándido e ingenuo como sostener que los árabes no pueden ser
antisemitas, idea ésta basada en “la noción paternalista del buen salvaje”.

Es tiempo para Occidente
de brindar sincera ayuda a los habitantes de Gaza y al pueblo Palestino en
general para lograr la construcción de su propio Estado. Para ello debe
librarlo de la endemia del fanatismo y el terror que los ha secuestrado y que
convierte a cada palestino en su primera víctima.

El mundo libre debe tener
claro que no todo ser humano tiene la misma capacidad moral de distinguir entre
el bien y el mal. Si nos consideramos hijos de la modernidad, la ilustración es
nuestra principal arma, y probablemente la única que disponemos.