La normalidad de la convivencia

13/Jul/2015

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

La normalidad de la convivencia

Los musulmanes del mundo entero celebran el
mes sagrado del Ramadán. En el propio mundo árabe, hay lamentablemente quienes
no pueden hacerlo con normalidad, debido a las guerras y violencia que
envuelven a sus países. Podrán ayunar, orar a Alá, pero no pueden sentir lo
festivo de las fiestas. Las visitas a familiares y amigos, los paseos y
actividades propias de días libres, tan característicos de estas fechas, no se
pueden hacer como lo más natural, debido al riesgo a la vida misma con cada
movimiento.
En Jerusalem, probablemente muchos ciudadanos de
la mayoría judía, no sabían cuándo caía este año el Ramadan (comenzó el 18 de
junio y culmina este viernes 17 de julio). Pues quien acostumbre hacer sus
compras o sentarse a tomar algo en el shopping Malha, el más grande de la
capital, puede adivinarlo con facilidad. Es que a la presencia siempre común de
árabes como parte del público que llega al lugar, se agrega lo propio de la
fiesta y se ve grandes cantidades de árabes musulmanes-fácilmente distinguibles
más que nada por la vestimenta de las mujeres- recorriendo el lugar.
Este sábado de noche fui a hacer un mandado al
Malha, ya que se encuentra a sólo diez minutos de mi casa. Sin exagerar, me
pareció que la mitad de la gente que allí daba vueltas, eran árabes. Familias
enteras con niños, grupos de jóvenes, parejas, recorriendo, comprando, tomando
algo (el ayuno, cabe recordar, es de sol a sol o sea que a la noche se puede
comer).
Y me alegré. Por ellos y por nosotros, la
mayoría judía del país. Porque nadie lleva a sus niños, nadie va a pasear,
donde cree que corre peligro. Por la normalidad que eso irradia. Por lo natural
de esa convivencia. Por lo que eso dice sobre Israel.
No soy ingenua. Esto no significa que no haya
conflicto, que no haya tensiones, que todos se amen y que lo que entusiasma a
los israelíes judíos es ver tantos árabes a su lado o a los árabes que el
centro comercial más grande al que pueden ir, sea «de los judíos».
Tampoco olvido que hay extremistas, también entre los judíos.
Pero la vida es más fuerte que los slogans. Y
se puede.Claro que se puede.
Todo aquel que lea estas líneas tras haber
estado en algún momento en Israel, sabe que estoy reflejando la realidad,
porque la habrá visto con sus propios ojos. La tensión existe, no es invento de
los medios, y claro que lamentablemente, cada tanto estalla. Claro que los
extremistas, a veces, logran imponerse. Pero la fuerza del diario vivir es muy
grande, y la naturalidad con la que judíos y árabes, musulmanes y cristianos,
se cruzan por las calles de Jerusalem, es imponente.
Años atrás, tuve el gusto de conocer en
Jerusalem a una de las periodistas más respetadas de nuestro país, Blanca
Rodríguez, cuando fue invitada a visitar Israel. Allí se forjó una linda
amistad que perdura hasta hoy. Recuerdo paseos que hicimos juntas en la Ciudad
Vieja de Jerusalem. Súbitamente se detenía y comentaba, atónita, que le parecía
increíble ver la naturalidad con que un judío ortodoxo, un árabe con su kefía y
un soldado con su rifle al hombro, se cruzaban sin que nadie se mate.
«Esta normalidad es increíble», comentaba.
Así es.
Afortunadamente, es la realidad en Israel. Las
mutuas sospechas siguen existiendo, el escepticismo tiene sus claros
fundamentos, pero contrariamente a lo que critican quienes no conocen esto
porque nunca lo han visto, aquí hay un impresionante mensaje de normalidad.
Justamente desde este lugar visto como símbolo
de conflicto en el mundo entero-aunque las guerras en los países de alrededor
ya han cobrado mucho más víctimas que los enfrentamientos en esta tierra-judíos
y árabes que lo que quieren es vivir en paz, muestran que es posible.
Juntos, tendrían que poder frenar a los
extremistas que se oponen a ello. Pero eso, claro…ya es otro tema.